jueves, 3 de agosto de 2023

Tetramorfos: El león, el toro, el águila y el ángel

 


Tetramorfos proviene etimológicamente del griego tetra, “cuatro”, y morfos, “forma”. La tradición iconográfica cristiana se refiere a un conjunto de figuras que se encuentran alrededor de Dios –un león, un buey, un águila y un hombre alado–, y se identifican con los cuatro evangelistas que se unen a la corte celestial y glorifican al Señor.

El águila es san Juan. Siempre se ha considerado que esta ave proviene de lo alto por su sabiduría y clarividencia, que tiende a elevarse más y más, y puede mirar al sol sin quedar ciega, símbolo de la ascensión de Cristo a los cielos. En el evangelio de Juan se inicia la contemplación del Verbo: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba ante Dios, y el Verbo era Dios”. Su evangelio es el más contemplativo, profundo y teológico. Nos llena de confianza. Según san Ireneo de Lyon es el signo del Espíritu que hace sobrevolar su gracia sobre la Iglesia.

El ángel, el hombre alado es san Mateo. En sus escritos, el evangelista narra la humanidad de Cristo, su genealogía, pues comienza textualmente “Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”, y continúa: “Este fue el origen de Cristo”. En él desarrolla la historia humana de Cristo, desde la Anunciación, el nacimiento y el bautismo. Representa a Cristo como el Hijo del Hombre y el amor de Dios. Es, pues, la humanidad de Cristo como hombre manso y humilde de corazón.

El león representa a san Marcos; siguiendo la tradición veterotestamentaria, Cristo se vincula a este felino con el reinado y la tribu de Judá, de la cual procede, tal y como describe el libro del Génesis (49, 9-10). Este evangelio se inicia con san Juan Bautista en el desierto con una voz ensordecedora, “como voz que clama en el desierto: preparen los caminos del Señor, enderecen sus senderos” (Mc 1, 3), donde compara a Cristo con el rugido de un león, la conciencia de los pecadores. Su voz corresponde a un animal fuerte y noble, como será Cristo. Según san Ireneo, lo muestra como dominador y rey. 

El toro  o el buey es san Lucas. Su texto evangélico se inicia con el sacrificio de Zacarías en el templo. El bóvido simboliza el sacrificio de Cristo en la Pasión, y por ende el sacerdotal, pues es el animal por excelencia para el sacrificio, tal y como señala san Ireneo. También conlleva el deseo de una vida espiritual que permite al hombre superar las pasiones animales y alcanzar la paz que da Dios. Es el más sentimental, pues los toros tienen un corazón fuerte, símbolo de los sentimientos; por ello, narra las parábolas y los sentimientos más nobles y humanos de Cristo: la compasión y la justicia.  




EXTRAÍDO DE: 
(Revista Misión- Por Patricia BarreroAsociación Nártex)









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