FRAGMENTO DE LA HOMILIA DEL PAPA FRANCISCO DIRIGIDA A SACERDOTES, RELIGIOSAS Y LAICOS COMPROMETIDOS...
«Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: “Dame de beber”» (Jn 4,6-7).
El evangelio que hemos escuchado no duda en presentarnos a Jesús cansado de caminar. Al mediodía, cuando el sol se hace sentir con toda su fuerza y poder, lo encontramos junto al pozo. Necesitaba calmar y saciar la sed, refrescar los pasos, recuperar fuerzas para poder continuar con su misión.
Fatigado del camino
Es relativamente fácil para nuestra imaginación, compulsivamente productivista, contemplar y entrar en comunión con la actividad del Señor, pero no siempre sabemos o podemos contemplar y acompañar las “fatigas del Señor”, como si esto no fuera cosa de Dios. El Señor se fatigó y en esa fatiga encuentran espacio tantos cansancios de nuestros pueblos y de nuestra gente, de nuestras comunidades y de todos aquellos que están cansados y agobiados (cf. Mt 11,28).
Las causas y motivos que pueden provocar la fatiga del camino en nosotros sacerdotes, consagrados y consagradas, miembros de movimientos laicales, son múltiples: desde largas horas de trabajo que dejan poco tiempo para comer, descansar, rezar y estar en familia, hasta “tóxicas” condiciones laborales y afectivas que llevan al agotamiento y agrietan el corazón; desde la simple y cotidiana entrega hasta el peso rutinario de quien no encuentra el gusto, el reconocimiento o el sustento necesario para hacer frente al día a día; desde habituales y esperables situaciones complicadas hasta estresantes y angustiantes horas de presión. Toda una gama de peso a soportar.
Sería imposible tratar de abarcar todas las situaciones que resquebrajan la vida de los consagrados, pero en todas sentimos la necesidad urgente de encontrar un pozo que pueda calmar y saciar la sed y el cansancio del camino. Todas reclaman, como grito silencioso, un pozo desde donde volver a empezar.
De un tiempo a esta parte no son pocas las veces que parece haberse instalado en nuestras comunidades una sutil especie de fatiga, que no tiene nada que ver con la fatiga del Señor. Aquí tenemos que estar atentos. Se trata de una tentación que podríamos llamar el cansancio de la esperanza. Ese cansancio que surge cuando ―como en el evangelio― el sol cae como plomo y vuelve fastidiosas las horas, y lo hace con una intensidad tal que no deja avanzar ni mirar hacia adelante. Como si todo se volviera confuso. No me refiero aquí a la «particular fatiga del corazón» (cf. Carta enc. Redemptoris Mater, 17; Exhort. apost. Evangelii Gaudium, 287) de quienes “hechos trizas” por la entrega al final del día logran expresar una sonrisa serena y agradecida; sino a esa otra fatiga, la que nace de cara al futuro cuando la realidad “cachetea” y pone en duda las fuerzas, los recursos y la viabilidad de la misión en este mundo tan cambiante y cuestionador.
Es un cansancio paralizante. Nace de mirar para adelante y no saber cómo reaccionar ante la intensidad y perplejidad de los cambios que como sociedad estamos atravesando. Estos cambios parecieran cuestionar no solo nuestras formas de expresión y compromiso, nuestras costumbres y actitudes ante la realidad, sino que ponen en duda, en muchos casos, la viabilidad misma de la vida religiosa en el mundo de hoy. E incluso la velocidad de esos cambios puede llevar a inmovilizar toda opción y opinión y, lo que supo ser significativo e importante en otros tiempos parece que ya no tiene lugar.
Hermanas y hermanos, el cansancio de la esperanza nace al constatar una Iglesia herida por su pecado y que tantas veces no ha sabido escuchar tantos gritos en el que se escondía el grito del Maestro: «Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46).
Y así podemos acostumbrarnos a vivir con una esperanza cansada frente al futuro incierto y desconocido, y esto deja espacio a que se instale un gris pragmatismo en el corazón de nuestras comunidades. Todo aparentemente parecería proceder con normalidad, pero en realidad la fe se desgasta y se degenera. Comunidades y presbiterios desilusionados con la realidad que no entendemos o que creemos que no tiene ya lugar para nuestra propuesta, podemos darle “ciudadanía” a una de las peores herejías posibles para nuestra época: pensar que el Señor y nuestras comunidades no tienen ya nada que decir ni aportar en este nuevo mundo que se está gestando (cf. Exhort. apost. Evangelii gaudium, 83). Y entonces sucede que lo que un día surgió para ser sal y luz del mundo termina ofreciendo su peor versión.
Dame de beber
“Dame de beber” significa reconocer que necesitamos que el Espíritu nos
transforme en hombres y mujeres memoriosos de encuentro y un paso, del paso
salvífico de Dios. Y con confianza, así como lo hizo ayer, lo seguirá haciendo
mañana: «ir a las raíces nos ayuda sin lugar a dudas a vivir el presente, y a
vivirlo sin miedo. Tenemos necesidad de vivir sin miedo respondiendo a la vida
con la pasión de estar empeñados con la historia, inmersos en las cosas. Con
pasión de enamorados» (cf. ibíd., 44).
La esperanza cansada será sanada y gozará de esa «particular fatiga del
corazón» cuando no tema volver al lugar del primer amor y logre encontrar, en
las periferias y desafíos que hoy se nos presentan, el mismo canto, la misma
mirada que suscitó el canto y la mirada de nuestros mayores. Así evitaremos el
riesgo de partir desde nosotros mismos y abandonaremos la cansadora auto-compasión
para encontrar los ojos con los que Cristo hoy nos sigue buscando, nos sigue
mirando, nos sigue llamando, invitando a la misión como lo hizo en aquel primer
encuentro, el encuentro del primer amor.
Es un blog donde podemos realizar comentarios y reflexiones sobre temas de familia, como así también subir artículos que consideramos destacados. Nuestro fin, es llevar claridad sobre algunos temas, que son de actualidad y han sido tomados con liviandad o relegados al arcón de los recuerdos. Siempre sin perder de vista, el papel fundamental que cumple la familia en la formación de nuestros hijos y la huella que dejamos en ellos.
domingo, 27 de enero de 2019
jueves, 17 de enero de 2019
Evangelio del día - Jesús cura al leproso...
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,40-45):
En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».
Jesús conmovido, extendió la mano y lo tocó diciendo:
«Quiero: queda purificado».
La lepra se le quitó inmediatamente y quedó purificado.
Él lo despidió, encargándole severamente:
«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.
Palabra del Señor
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,40-45):
En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».
Jesús conmovido, extendió la mano y lo tocó diciendo:
«Quiero: queda purificado».
La lepra se le quitó inmediatamente y quedó purificado.
Él lo despidió, encargándole severamente:
«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.
Palabra del Señor
Cuando leía el evangelio de hoy, resonaba en mis oídos, y me
preguntaba?…pero cuando lo escuche?...
El viernes pasado, lo escuchamos de San
Lucas. En una versión más sintética y precisa de lo acontecido.
Pero hoy, lo leemos de la pluma de San Marcos, donde el
evangelista, capta de Pedro en su narración, seguramente, “Conmovido” Jesús lo
toco y quedó “purificado”.
Aquí Marcos nos hace notar ese Amor de Dios, que se conmueve
y lo purifica todo, ante el pedido…”si tú quieres”, sin exigencia, sin
desesperarse, acatando sobre todo, la voluntad del Señor…
Esto nos hace reflexionar, y dirigir nuestra mirada a nosotros mismos...
No tenemos muchas veces, cuando le pedimos, una exigencia hacia Dios? Nos cuesta mucho atenernos a su voluntad, cuando no coincide con nuestras aspiraciones o deseos?
Cuando eso nos pasa, después de un tiempo, no vemos que el Señor tenia algo mejor para nosotros, y que sus planes eran otros?
Confiemos en la divina providencia y dejémonos abrazar por el amor del Salvador...
viernes, 11 de enero de 2019
FRAY MAMERTO ESQUIÚ
Famoso por sus homilías, y cargado de sentir patriótico, convocó siempre a la unión nacional. Fue diputado por su Catamarca, y fundó el primer periódico de su provincia, "El Ambato". Desde allí escribió, sobre religión y patria, inmigración, educación, entre otros temas. Pregonó la preparación, ya que cada persona debía: Saber y calcular, Sancionar lo justo y bueno, no flaquear ante amenazas de los dictadores o ante la seducción de demagogos. Sacrificar lo personal y privado en aras del bien común, entre otras cosas...
Fray Mamerto, debajo de su hábito, siempre estuvo el hombre al servicio de Dios, de la Patria y sus hermanos...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
