Isaías en la primera lectura, invoca al Señor reclamando: ¡Tu Señor eres
nuestro Padre!, “nuestro Redentor”. “¡Vuelve, por amor a tus servidores y a las
tribus de tu herencia!” ”Nos hemos marchitado como el follaje y nuestras culpas
nos arrastran como el viento”
Y le recuerda al implorar: ¡Todos somos la obra de tus manos!
El salmo nos dice: Que tu mano sostenga al que está a tu derecha, al
hombre que Tú fortaleciste, y nunca nos apartaremos de Ti: devuélvenos la vida
e invocaremos tu Nombre.
San Pablo les dice a los corintios: El los mantendrá firmes hasta el
fin, así estarán irreprochables el día de su venida. Porque Dios es fiel y los
llamó a vivir en comunión con su hijo Jesucristo, nuestro Señor.
Jesús nos dice en el evangelio de Marcos: ¡Estén prevenidos!
No nos tenemos que dormir, porque el Señor nos llamó para que estemos unidos a
Cristo y esa comunión con Él, nos hará estar alertas para su venida. Y nos
insiste: Estén atentos porque no sabemos cuándo será el día de la llegada…
Este domingo iniciamos un tiempo Litúrgico nuevo, el Adviento.
Es un tiempo de recogimiento, de
preparación, para poder recibir al niño Dios con un corazón abierto. Un corazón
capaz de pedir perdón y de perdonar, de saber dar con amor y también de saber
recibir de los demás. Tiempo de preparación, para que vivamos fraternalmente
este Adviento, primero unidos a Cristo, y por Él, con todos los que nos rodean para
poder ser así, reflejo de ese amor derramado por Dios.
De ese amor, ágape, sin medida hacia toda la humanidad, a tal punto que
lo hizo anonadarse, para nacer de Santa María, siempre Virgen, vivir y padecer
por nosotros hasta la muerte en cruz…
Ese niño llegara a nosotros al término de este adviento, el día de Navidad…
Pidamos a María, como Señora de la dulce espera, poder acompañarla en
estos días de esperanza, con actos de caridad que fortalezcan nuestra Fe, en la
llegada de nuestro Salvador…
Amen




