viernes, 1 de noviembre de 2024

CASARSE MERECE LA PENA...

 


7 razones por las que casarse merece la pena

  1. El amor comprometido está por encima de las modas pasajeras. La cultura actual vende que casarse no vale la pena y que el compromiso no tiene por qué ser permanente. Pero lo que dota de sentido a la existencia es el amor, que hace a los novios salir de uno mismo y entregarse totalmente al otro en el matrimonio. Amor y sentido son dos caras de la misma moneda, que unida al compromiso incondicional generan algo imperecedero: el matrimonio.
  2.  El matrimonio es un gran bien social. El matrimonio es el termómetro de una sociedad. La existencia de matrimonios felices y de familias fuertes ofrece estabilidad a una cultura y beneficia no sólo a los propios miembros de las familias, sino también a su ciudad, su país y al mundo entero. Es infinitamente mejor una sociedad formada por familias que se ayudan entre sí que por individuos aislados. El matrimonio es, en definitiva, un bien social, que además urge proteger y cuidar.
  3. El ejemplo arrastra (para bien o para mal). Muchos jóvenes no se casan porque han visto naufragar los matrimonios de sus padres o de personas muy cercanas. El ejemplo arrastra para mal, pero también para bien. “El que ha visto un matrimonio fuerte en casa quiere lo mismo”, asegura Rafa Lafuente. El objetivo debe ser que los hijos se planteen llegar a ser “tan buen esposo como su padre y tan buena esposa como su madre”. Si esto se realiza, los padres y esposos habrán cumplido una misión fundamental.
  4. No es lo mismo casarse que convivir. “Vivir ‘como’ si estuvieras casado nunca es realmente lo mismo que estarlo”, recuerda Miguel Ángel Martín Cárdaba. Sin embargo, cada vez más personas apuestan por cohabitar para “probar”. “Es difícil sentirse querido de verdad -añade- en una relación que es condicional, en una relación ‘a prueba’”, pues falta un compromiso incondicional. Además, los estudios lo corroboran: quienes cohabitan tienen relaciones más inestables y menos duraderas que los que se casan.
  5. El amor crece cuando se cuida. Nacho y Victoria llevan 30 años casados. En un mundo que rechaza lo permanente y apuesta por lo líquido, ellos han descifrado las claves para unirse y quererse cada día más: poner al cónyuge lo primero, por encima de los hijos o el trabajo; rezar juntos todos los días; no irse nunca a dormir enfadados y sin pedirse perdón; vivir una sexualidad acorde a las enseñanzas de la Iglesia; tener una familia espiritual; y, además, hacer una apuesta decidida y entregada por la familia, más allá de lo que digan las modas pasajeras.
  6. El matrimonio reporta beneficios tangibles. Desde un aspecto meramente humano el matrimonio ofrece importantes beneficios, tal y como han demostrado numerosos estudios. Las personas casadas tienen mejor salud y son más longevas; el matrimonio ayuda a madurar a los cónyuges y, a la vez, ofrece más seguridad legal y estabilidad económica… Y un dato muy revelador: las personas casadas son, de media, más felices que las no casadas.
  7. El amor conyugal es vía real de salvación. El matrimonio no es cosa de dos, lo es de tres, porque si Dios es el pegamento, el éxito estará asegurado. Además, el matrimonio tiene una función salvífica, no sólo para los cónyuges, también para los demás. “Una de las vías más eficaces como Dios se hace presente en el mundo es en el amor de los esposos”, afirma el sacerdote José Fernández Castiella. Junto a la Eucaristía y al resto de sacramentos, la gran baza de Dios para la salvación de muchos es algo tan “humano” como el amor de los esposos.

Por Javier Lozano

Artículo publicado en la edición número 73 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.


miércoles, 30 de octubre de 2024

LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS


 

Texto  del Papa Benedicto XVI como preparación para el día de Todos los Santos

"La infelicidad es vivir lejos de Dios: felicidad y santidad coinciden"

 Reproducimos a continuación un texto de Benedicto XVI  que nos parece paradigmático de la fiesta de Todos los Santos. Introdujo la celebración y el acto penitencial con estas palabras:

"Queridos hermanos y hermanas, hoy contemplamos el misterio de la comunión de los santos del cielo y de la tierra. No estamos solos; estamos rodeados por una gran nube de testigos: con ellos formamos el Cuerpo de Cristo, con ellos somos hijos de Dios, con ellos hemos sido santificados por el Espíritu Santo".

 

En la solemnidad de todos los santos, Benedicto XVI constató que la infelicidad consiste en vivir lejos de Dios. Por eso, felicidad y santidad se convierten en sinónimos, constató.

Así lo explicó en la homilía de la misa que celebró este miércoles a las diez de la mañana en la Basílica de san Pedro, en la que recordó que «los santos no son una exigua casta de elegidos, sino una multitud sin número, hacia la cual la liturgia de hoy nos exhorta a levantar la mirada».

«En esta multitud no sólo están representados los santos oficialmente reconocidos, sino los bautizados de todas las épocas y naciones, que han intentado cumplir con amor y fidelidad la voluntad divina», recordó.

«El luminoso ejemplo de los santos despierta en nosotros el gran deseo de ser como ellos, felices de vivir junto a Dios, en su Luz, en la gran familia de los amigos de Dios. Ser santo significa vivir en la cercanía de Dios, vivir en su familia, y esta es la vocación de todos nosotros, confirmada con vigor por el Concilio Vaticano II», reconoció

 

«Pero, ¿cómo podemos convertirnos en santos, amigos de Dios?», preguntó el obispo de Roma. «A esta pregunta se puede responder, ante todo, con un enunciado negativo: para ser santos no es necesario realizar acciones y obras extraordinarias, ni poseer carismas excepcionales. Luego viene la respuesta positiva: es necesario ante todo escuchar a Jesús y después seguirle, sin desalentarse ante las dificultades».


 

«La experiencia de la Iglesia demuestra que toda forma de santidad, si bien sigue caminos diferentes, siempre pasa por el camino de la cruz, el camino de la renuncia a sí mismo. Las biografías de los santos describen a hombres y mujeres que, siendo dóciles a los designios divinos, afrontaron en ocasiones pruebas y sufrimientos inenarrables, persecuciones y martirios».

«El ejemplo de los santos es para nosotros un aliento a seguir los mismos pasos y a experimentar la alegría de quien se fía de Dios, pues la única causa de tristeza y de infelicidad para el hombre se debe al hecho de vivir lejos de Él», aseguró Benedicto XVI.

El camino que conduce a la santidad es presentado por el camino de las Bienaventuranzas, indicó por último.

«En la medida en que acogemos la propuesta [de Cristo] y le seguimos --cada uno en sus circunstancias-- también nosotros podemos participar en la bienaventuranza. Con Él lo imposible se hace posible», concluyó.


EXTRAIDO DE LAREVISTA "PRIMEROS CRISTIANOS"

jueves, 24 de octubre de 2024

“Cuánto sufren los hijos de padres que se separan”



MIERCOLES 23 DE OCTUBRE 2024- Catequesis de los miercoles del Papa Francisco 

En la catequesis de hoy, el Papa Francisco reflexiona sobre cómo el Espíritu Santo ilumina el sacramento del matrimonio y advierte a las familias: “Los hijos sufren mucho cuando la unidad del matrimonio se rompe” y pide a los cónyuges que “invoquen al Espíritu Santo para que cambie el agua de la costumbre en una nueva alegría de estar juntos”.

Hoy el Santo Padre reflexiona sobre lo que el Espíritu Santo tiene que decir a la familia y al matrimonio, pero… ¿Qué tiene que ver el Espíritu Santo con el matrimonio? Es esta la pregunta a la que ha respondido el Papa esta mañana durante su tradicional Audiencia General de los miércoles. Francisco ha explicado que el matrimonio cristiano “es el sacramento del hacerse don, el uno para la otra, del hombre y la mujer” por tanto, “la pareja humana es la primera y más básica realización de la comunión de amor que es la Trinidad”.

Los cónyuges deben formar un «nosotros» incluyendo a los hijos

El Papa explica que los cónyuges deben formar una primera persona del plural, un «nosotros»: “Qué hermoso es oír a una madre decir a sus hijos: «Tu padre y yo...» y oír a un padre decir: «Tu madre y yo», casi como si fueran una única persona”. En este sentido, el Papa recuerda que los hijos necesitan esta unidad “padre y madre juntos” asegurando que los hijos sufren mucho cuando esta unidad se rompe: “Cuánto sufren los hijos de padres que se separan”.

“Allí donde entra el Espíritu Santo, renace la capacidad de entregarse” asegura Francisco. De hecho, el Papa explica que la unidad en el matrimonio no es “fácil de conseguir”, y menos en el mundo actual; “pero ésta es la verdad de las cosas tal y como el Creador las concibió y, por tanto, está en su naturaleza”.

Los hijos son quienes pagan el precio de los matrimonios construidos sobre arena

Por último, el Papa asegura que los matrimonios construidos sobre arena están, lamentablemente “a la vista de todos” y repite que son sobre todo los hijos quienes pagan el precio: “Los niños sufren por la separación o la falta de amor de sus padres”.

En este sentido, el Espíritu Santo “es quien sigue realizando, en el plano espiritual, el milagro que Jesús realizó en aquella ocasión, a saber, cambiar el agua de la costumbre en una nueva alegría de estar juntos”. “No es una ilusión piadosa – dice el Papa – es lo que el Espíritu Santo ha hecho en tantos matrimonios, cuando los esposos se decidieron a invocarlo”.

El broche de oro de su catequesis ha sido un proverbio italiano que dice así: “Entre mujer y marido no pongas el dedo”. El Papa ha advertido que hay un “dedo” que se debe poner entre marido y mujer, y es precisamente el “dedo de Dios”: ¡el Espíritu Santo!

martes, 28 de mayo de 2024

SALMOS Y ALGO MAS...


 

SALMOS Y ALGO MAS...

Cantemos al Señor con indecible gozo,
él guarde la esperanza de nuestro corazón,
dejemos la inquietud posar entre sus manos,
abramos nuestro espíritu a su infinito amor.

Dichoso será aquel que siempre en él confía
en horas angustiosas de lucha y de aflicción,
confiemos al Señor nuestras tribulaciones,
abramos nuestro espíritu a su infinito amor.

Los justos saben bien que Dios siempre nos ama,
en penas y alegrías su paz fue su bastión,
la fuerza del Señor fue gloria en sus batallas,
abramos nuestro espíritu a su infinito amor.

Envíanos, Señor, tu luz esplendorosa
si el alma se acongoja en noche y turbación,
qué luz, qué dulce paz en Dios el hombre encuentra;
abramos nuestro espíritu a su infinito amor.


jueves, 23 de mayo de 2024

MATRIMONIO SIGNO DEL AMOR DE DIOS

 

El matrimonio es el más hermoso signo del amor de Dios

El amor y la vida no suben de la tierra hacia Dios, sino que descienden de Dios hacia la tierra. “Todo lo que es bueno y perfecto, es un don de lo Alto y desciende del Padre” (Sant 1,17). “Dios es Amor” (1 Jn 4,8), es amor porque es Trinidad. En la Trinidad el amor es la unidad y la fecundidad, todo parte de ella. Sobre la tierra arde un crisol de amor, que nos puede dar vértigo. Esta circulación de amor envuelve todo. Llegando a los seres humanos, también las flores, los animales. Para no sentirnos más extranjeros, como en disonancia con la misma vida, tenemos que partir de la Santa Trinidad. En ella está el Amor, el amor verdadero. De ella descienden como en cascada todos los amores del mundo, mucho menos perfectos, pero que tienen su razón de ser, porque son signo del amor que existe en Dios.
Desde el amor del hombre y la mujer, hasta el de los animales, hasta en la misteriosa unión de elementos y metales, de manera diversamente bella, todo es signo del amor que está en Dios. Esto cambia el problema. Mismo la unidad del Verbo y el hombre, mismo la unión de Cristo y la Iglesia, son únicamente los más bellos signos del amor que es Dios. En el matrimonio existe una vocación al amor particularmente rica. En la cúspide de la creación visible, es el más hermoso signo del amor de Dios. Es grande porque, según expresa san Pablo, es signo del amor de Cristo y su Iglesia.

Por: Venerable Madeleine Delbrêl (1904-1964)
laica, misionera en la ciudad.

miércoles, 6 de marzo de 2024

Francisco en su catequesis nos habla de ...

 


Francisco en su catequesis de los miércoles (6/3/24)

 LA SOBERBIA

Los monjes de la antigüedad reconocían un cierto orden en la secuencia de los males: se empieza por los pecados más groseros, como la gula, y se llega a los monstruos más inquietantes. De todos los vicios, la soberbia es la gran reina. (…) Quien cede a este vicio está lejos de Dios, y la enmienda de este mal requiere tiempo y esfuerzo, más que cualquier otra batalla a la que esté llamado el cristiano.

Dentro del mal de la soberbia, continuó el Papa, está "la absurda pretensión de ser como Dios", está por tanto el pecado radical. Arruina las relaciones humanas, envenena ese "sentimiento de fraternidad" que debería unirnos a todos. El soberbio también se revela como tal en su físico y en actitudes particulares:

Es un hombre fácil de juzgar desdeñosamente: por nada emite juicios irrevocables sobre los demás, que le parecen irremediablemente ineptos e incapaces. En su arrogancia, olvida que Jesús en los Evangelios nos dio muy pocos preceptos morales, pero en uno de ellos fue inflexible: no juzgar nunca. 

              

El ejemplo del apóstol Pedro

A la persona soberbia es imposible hacerle ni siquiera una pequeña crítica u observación, continuó el Pontífice. Es imposible corregirle, con ella sólo hay que tener paciencia "porque un día su edificio se derrumbará". Y citó el ejemplo del apóstol Pedro, que alardeaba al máximo su fidelidad: "Aunque todos te abandonen, yo no lo haré" (cf. Mt 26,33), para luego descubrirse tan temeroso como los demás ante el peligro de muerte.

 

La salvación pasa por la humildad

"El verdadero remedio para todo acto de soberbia" es la humildad por la que pasa la salvación y María es ejemplo de ello. En el Magnificat, da testimonio del Dios que "dispersa con su poder a los soberbios en los pensamientos enfermos de sus corazones".

«Dios resiste a los soberbios, pero a los humildes les da su gracia" (St 4,6).