viernes, 13 de mayo de 2016

Una primera presentación internacional de Amoris Laetitia

La mirada de
Su Exc.ª Mons. Vincenzo Paglia
Presidente del Pontificio Consejo para la Familia

Parrafos destacados...

El Papa al mostrar el fruto destaca el método sinodal. Él escribe que las dos asambleas sinodales han contenido "una gran belleza, y han brindado mucha luz".

Por ello consideré adecuado redactar
una Exhortación Apostólica pos-tsinodal que recoja los aportes de los dos recientes Sínodos
sobre la familia, agregando otras consideraciones que puedan orientar la reflexión, el diálogo
o la praxis pastoral y, a la vez, ofrezcan aliento, estímulo y ayuda a las familias en su entrega y
en sus dificultades". Me parece importante hacer hincapié en la novedad del proceso
sinodal que califica tanto el contenido como el método.

"Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de las familias de nuestro tiempo, sobre todo de las familias heridas y de aquellas que sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón"

El Papa afirma claramente que "de ninguna manera la Iglesia debe renunciar a
proponer el ideal pleno del matrimonio, el proyecto de Dios en toda su grandeza" (307). A la
luz de este horizonte, elevado y concreto, abierto por la Exhortación a la "vocación cristiana"
del proyecto familiar.

La Iglesia tiene que hacer suyas las dificultades y esperanzas de sus fieles.
Es una madre. Es por esta razón que no observa a las familias desde el exterior con frialdad notarial dispuesta a enumerar las trasformaciones y a encontrar eventuales culpas y así poder condenarlas.
Pero tampoco es ciega ni se resigna. La Iglesia - como se ve en Amoris Laetitia -, conoce bien las enfermedades que afectan a las familias de hoy. Pero - a diferencia de los profetas de la fatalidad o de los
hijos de la resignación - sabe que "esta enfermedad no es de muerte" (Jn 11,4), como Jesús
dijo al hablar de su amigo Lázaro.
La Iglesia es amiga de la familia, de todas las familias. Y ayuda a todas las familias a caminar hacia la plenitud del encuentro con Jesús.

La historia humana y la familia están estrechamente vinculadas. Familia y sociedad son inseparables. Cuando las cosas no van bien en la familia tampoco van bien en la sociedad.

A partir de este enfoque estratégico, el Papa pide un cambio de ritmo y estilo que incumbe a la forma de la Iglesia. La Iglesia, por lo tanto, no podrá realizar la tarea que le ha sido asignada por Dios para con la familia si no incluye a las familias en esta misma tarea, según el estilo de Dios, y por consiguiente, sin asumir ella misma los rasgos de una comunión familiar.

Comenzando por aquellos que se reconocen prisioneros de su propia culpa y están desesperados por haber
fracasado en sus vidas. Y quiere acompañar a todos hasta la plena integración al Cuerpo de
Cristo que es la Iglesia.
Los fuertes signos de esta orientación de rumbo son al menos dos. Es obvio que el
matrimonio es indisoluble, pero el vínculo de la Iglesia con los hijos y las hijas de Dios lo es
aún más.

El segundo signo es la consiguiente entrega plena al obispo de esta responsabilidad eclesial sabiendo que el principio supremo es la salus animarum (afirmación solemne que concluye el Código de Derecho Canónico, pero que a menudo se olvida). El Obispo es juez en su calidad de pastor. Y el pastor reconoce a sus ovejas incluso cuando han perdido su camino. Su objetivo final es traerlas de nuevo a casa, donde pueda
curarlas y sanarlas, y no podría hacer esto si las dejase donde están, abandonándolas a su
destino porque "ellas se lo han buscado".

Por lo tanto, es evidente que hay que adoptar un nuevo estilo eclesial. Y esto también
requiere un conocimiento de la diversidad de las situaciones. El Papa no propone ni una doctrina nueva ni nuevas reglas jurídicas.

También advierte que "no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales".

La Exhortación Apostólica - después de la introducción - se abre con un tríptico (los
tres primeros capítulos). En el primero se habla de las familias presentes en la Biblia. Y se
subrayan sus historias reales hechas de "amor y de crisis" (n.8). En el segundo se describen
los retos que las familias de hoy en día están llamadas a afrontar: el fenómeno migratorio y la
negación ideológica de la diferencia de sexo ("ideología del gender"); la cultura de lo que es
provisional, la mentalidad antinatalista y el impacto de las biotecnologías en el ámbito de la
procreación; la falta de casa y de trabajo, la pornografía y el abuso de menores; la atención a
las personas con discapacidades, el respeto a los ancianos; la deconstrucción jurídica de la familia, la violencia contra las mujeres. El texto presenta el individualismo exasperado como
un virus que envenena la raíz de los lazos familiares y que conduce a las familias a vivir en
una situación paradójica: por un lado, "se teme la soledad, se desea un espacio de protección
y de fidelidad, pero al mismo tiempo crece el temor a ser atrapado por una relación que
pueda postergar el logro de las aspiraciones personales"(n. 34). Y la paradoja que existe entre
la necesidad radical de la familia que todos experimentan y la creciente fragilidad de los lazos
familiares que se anulan y se despedazan, se recomponen y se multiplican.

En el tercer capítulo el Papa presenta la vocación de la familia: tal como Jesús la ha
definido y la Iglesia la ha recibido. Aquí se examinan los temas de la indisolubilidad, de la
sacramentalidad del matrimonio, de la transmisión de la vida y de la educación de los hijos.
Y manifiesta todas sus dudas en la eficacia de una pastoral que "sólo insiste en cuestiones
doctrinales, bioéticas y morales, sin motivar la apertura a la gracia" (37). Resulta obvio que el
tema central de nuestros días sigue siendo la brecha cada vez más profunda que existe entre
los jóvenes y el matrimonio. Si los jóvenes prefieren vivir juntos, ¿no deberíamos
preguntarnos si el "Evangelio de la familia", tal como lo presentamos es poco atractivo? ¿no
deberíamos replantear el lenguaje y el contenido de este anuncio?

Los capítulos IV y V constituyen la parte central de la Exhortación Apostólica.
El texto habla de una clave del amor que va mucho más allá de lo místico y romántico. El amor, tal como lo describe el Papa Francisco siguiendo, paso a paso, a San Pablo, aparece lleno de concreción y dialéctica, de belleza y de sacrificio, de vulnerabilidad y de tenacidad (el amor soporta todo, el amor nunca
se da por vencido ...). ¡El amor de Dios es así! Estamos lejos de aquel individualismo que
encierra al amor en la obsesión posesiva "de dos", y pone en peligro la "alegría" de los
vínculos conyugales y familiares.

“El matrimonio es en primer lugar una «íntima comunidad de vida y de amor conyugal», que
constituye un bien para los mismos esposos, y la sexualidad «está ordenada al amor conyugal
del hombre y de la mujer»”(n.80). El léxico familiar del amor, como lo presenta el Papa, está
lleno de pasión, es robusto en la generación.
En el quinto capítulo se pone el acento en la otra dimensión del amor conyugal: la
fecundidad y la generatividad. Se habla de manera psicológicamente profunda y de manera
espiritual sobre los temas de acoger una nueva vida, de la espera en el embarazo, del amor de
la madre y del padre, de la presencia de los abuelos. Además se habla de la fecundidad
ampliada, de la adopción, de la acogida y de la contribución de las familias para promover
una "cultura del encuentro", de la vida en la familia en un sentido amplio, con la presencia de
los tíos, primos, parientes de los parientes, amigos. El Papa subraya la inevitable dimensión
social del sacramento del matrimonio (n.186), en la que se declina tanto el papel específico de
 subrayar dos puntos. En primer lugar, el tema de los hijos. El texto
reafirma claramente que el hijo no es un objeto de deseo, sino un proyecto de entrega de vida.
El vínculo entre las generaciones es el patrimonio la relación entre jóvenes y ancianos, como la relación entre hermanos y hermanas, ambas relaciones proporcionan un aprendizaje que hace crecer en las relaciones con los demás.

Me gustaría
que hay que hacer fructificar. Esta es la gran tarea encomendada a la familia: tiene que
cuidar la tradición de la vida sin aprisionarla, proporcionar un valor añadido al futuro sin
mortificarlo. Este dinamismo sería imposible si la familia perdiese su función social de
estabilidad y de propulsión de los afectos.

En resumen, uno no se casa para sí mismo. Si la pareja no se encierra en sí misma el matrimonio posee muchos más bienes: un encerrarse en sí mismos no da alegría, conlleva tristeza. La familia es el motor de la historia, el amor que trabaja por la vida: ciertamente no es el paraíso para aquellos que desean escapar de los desafíos de la vida y de la historia. En este paso y alianza entre las generaciones se construye
toda la riqueza, saber, cultura, tradiciones, dones y reciprocidad de los pueblos. La pasión por
la educación inscrita en las generaciones y la alianza entre una generación y la otra es un
termómetro infalible del progreso social.

El tema de la educación es abordado en el séptimo capítulo.Si un padre está obsesionado por saber dónde está su hijo y por controlar todos sus movimientos, sólo buscará dominar su espacio. De ese modo no lo
educará, no lo fortalecerá, no lo preparará para enfrentar los desafíos. Lo que interesa sobre
todo es generar en el hijo, con mucho amor, procesos de maduración de su libertad, de
capacitación, de crecimiento integral, de cultivo de la auténtica autonomía"(261). Cabe
destacar la atención que el texto dedica a la educación sexual, un tema nuevo en la pastoral de
la Iglesia. La exhortación afirma la necesidad de ella sobre todo hoy en día, en "una época en
que la sexualidad tiende a banalizarse y a empobrecerse. Ésta sólo podría entenderse en el
marco de una educación para el amor, para la donación mutua" (n.280).