(Salmo 22)
El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas.
Me conduce a las aguas de quietud
y repara mis fuerzas.
Me guía por sendero justo.
Por el Honor de Su Nombre.
El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar.
En verdes praderas, Él me hace recostar.
Aunque camine por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal, por que Tú vas conmigo,
tu Vara y Tu bastón, me infunden confianza.
El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar.
En verdes praderas, Él me hace recostar.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa.
El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar.
En verdes praderas, Él me hace recostar.
Tu Bondad y Misericordia, me acompañan,
a lo largo de mi vida,
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo...
Puede no decirnos mucho a nosotros, o a alguno de nosotros, la imagen del pastor que nos presenta la Palabra de Dios de hoy; puede que nos quede un poco lejana por el contexto en el que vivimos o porque jamás hayamos visto un pastor como los de antes. Sin embargo, podemos hacer el esfuerzo de imaginar lo que significa la figura y presencia de un pastor en un rebaño.
Por eso, este domingo se le llama en toda la Iglesia «el del buen Pastor» o también podríamos decir «del verdadero Pastor», porque así también puede traducirse esa palabra. Por eso es un día en el que especialmente se reza por los que Jesús llama a seguirlo de una manera especial para ser pastores de su rebaño. Por eso tenemos que pedirle al verdadero Pastor que siga llamando a hombres a representar con sus vidas, el único pastoreo que le corresponde a él.
Buenos pastores pueden haber muchos, pero VERDADERO solo Jesús. Solo él nos conduce hacia los pastos tranquilos en donde nos alimentamos sana y abundantemente. Solo él sigue dando la vida por nosotros y nos sigue llamando por nuestro nombre para que no nos olvidemos de su voz. ¿Conocemos a nuestro Pastor? ¿Reconocemos su voz, que no se cansa de llamarnos con sus silbos amorosos? Él conoce a sus ovejas, te conoce a vos y mí, nos conoce a todos, nos mira, nos vigila, pero no para que nos asustemos; todo lo contrario, para que confiemos y no pensemos en los peligros de esta vida que a veces nos paralizan. Él siempre va a estar para cuidarnos, para darnos lo que necesitamos. El Pastor está siempre, aunque a veces no se lo vea, aunque no lo vean, pero escucha, aunque no lo escuchen, ama, aunque no lo amen. Todo eso y mucho más es nuestro buen Jesús.
Extraído de la homilía del P. Rodrigo Aguilar (Algo del evangelio)





