miércoles, 26 de octubre de 2022

Resumen de la charla del Prof. Alejandro Ortiz - (Teología - Boston College)

 


Zoom de Formación continua, Escuela de Teología, del Boston College

Expone: Prof. Alejandro Ortiz

Tema: Dimensión cultural-eclesial del laicado y la sinodalidad.

Participamos más de 150 personas, que al término de la misma, fue abierta a la preguntas de lo participantes.

Síntesis:

El disertador realizo una breve introducción, sobre el desarrollo histórico de la iglesia, puntualmente en el último siglo. Y para ello, simbolizó los distintos mundos que se viven en estos tiempos, que fueron cambiando a través de estos años, donde la humanidad marchó a un ritmo vertiginoso ..

                                MUNDOS EPOCALES SIMBÓLICOS        

                          

                            PREMODERNO - MODERNO - POSMODERNO-

 



El mundo PREMODERNO, es aquel que viene de siglos de una iglesia con un orden jerárquico riguroso, que se condice con los tiempos. En un contexto de sociedad patriarcal, que se ordena en una organización también jerárquica que no acepta cambios, manteniendo las costumbres a rajatabla y un sistema de clases, donde la mayoría son de una cultura agraria, que no admite cambios.

En el mundo PREMODERNO:

Hay solo una autoridad y es masculina

Los roles sociales  son claros

Las instituciones y las comunidades son fuertes

La religión es esencial

Lo antiguo es valioso y se debe proteger y conservar

Hay muy poca tecnología

 

Y también no debemos olvidar la construcción de un DERECHO CANONICO, que termina colisionando, con un mundo MODERNO, que comienza a cambiar en forma vertiginosa en la segunda mitad del siglo XX después de pasar por dos guerras mundiales , donde las miradas van cambiando, y se permiten algunas transformaciones que la realidad exige, pero con restricciones. El contexto social, comienza a cambiar en una sociedad más urbana, con un nivel de educación que alcanza a la mayoría de las personas y con una tecnología que se introduce en los hogares, a través de la radio y la televisión. Esto forma y transforma a la sociedad imponiendo muchos cambios a nivel global

EN EL MUNDO MODERNO:

Verdades

Emancipaciones – Mujeres

Ciencia

Revisión de las instituciones – Críticas

Una Religión mas privada, donde se pierde la idea de comunidad

El individuo

El Progreso, donde lo nuevo es lo valioso

La educación /información

Tecnología

Urbanización

Todas estas realidades empujan a la iglesia a una transformación, impulsada por el Concilio Vaticano II, que tomo nota de la transformación del mundo y abordó todos los temas, buscando siempre la forma de llegar a los hermanos con el mensaje claro, del amor infinito de Cristo Jesús.

Todos sabemos que después de cincuenta años de transcurrido el concilio, muchas cuestiones tuvieron amplia resistencia a ser modificadas y vemos aun hoy en muchas parroquias actitudes y modismos preconciliares. Muchas de ellas, impuestas por los mismos parroquianos que dicen “siempre se hizo así”

Y llegamos a un mundo POSMODERNO, donde la Psicología, intenta remplazar a la confesión y la Racionalidad al Símbolo, la ciencia toma protagonismo en vez de la Biblia y la Razón en lugar de la Fe

 Es por eso que el Santo Padre nos invita a transitar el camino SINODAL. Solo ese caminar juntos, con nuestras diferencias y a través de los distintos carismas que recibimos del Espíritu Santo, podremos transitar estos nuevos y difíciles tiempos que nos tocan vivir.

Es a través de la Gracia y del Discernimiento poder alcanzar una

Iglesia de la escucha

Iglesia de la Mirada

Iglesia emocional/racional

 

Podemos ver sintetizado en el siguiente esquema lo desarrollado:

                                        HABITUS  RELIGIOSO

del Griego                                                              premoderno        moderno

EIDOS > estructura cognitivo –>                                doctrina        /    formación

(Forma, aspecto,especie)

ETHOS>disposiciones morales – >                               moral        /     ética

(Forma común de vida)

AISTHESIS> estética ->                      arte medieval eurocéntrico / arte latinoamericano

(Convicciones o creencias)

HEXIS> posturas, gestos ->                                         Jerarquía  /  Circular-Horizontal

(Disposición, postura)

 

Desde el Laicado:

Debemos colaborar formando en la doctrina cristiana desde la obediencia, formando círculos bíblicos, grupos de oración, restableciendo los tejidos sociales, de ayuda a los más necesitados, etc…

Siendo un laicado maduro y adulto, que sabe caminar junto al hermano, aunque existan aún murallas que no las vamos a poder demoler, pero si rodear…

Y tengamos presente… Que el primer transgresor fue JESÚS DE NAZARET

 

 

jueves, 20 de octubre de 2022

LA ORACIÓN DEL CORAZÓN





SERIE SOBRE LA VIDA ESPIRITUAL
“La oración del corazón”
(Parte I)

El lugar más apropiado es el desierto; es decir, un lugar apartado. Allí se retiraban en todo tiempo los monjes y ermitaños. El Salvador mismo se apartaba por las noches a una montaña o a un lugar solitario para la oración. Puesto que nosotros vivimos en el mundo, hemos de seguir, en primer lugar, el consejo de Jesús: ‘Cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’ (Mt 6,6). Este aposento es el corazón, al que debemos retirarnos para poder darle a la oración la atención necesaria.”

El que quiera enriquecer e intensificar su vida de oración, encontrará una práctica muy valiosa en la tradición de la Iglesia oriental: Es la así llamada “oración del corazón” u “oración de Jesús”.

Para no dar lugar a malos entendidos, vale aclarar que esta forma de oración hace parte del rico tesoro de la Iglesia Universal, si bien es practicada sobre todo por los fieles de la ortodoxia. No es, de ninguna manera, una práctica ajena que provenga de las formas de meditación de otras religiones orientales; sino que es genuinamente cristiana. Actualmente se está introduciendo también cada vez más en la Iglesia católica romana. En efecto, la oración del corazón puede responder de forma fructífera a nuestro anhelo de silencio y recogimiento.

San Pablo nos exhorta a “orar sin desfallecer” (1Tes 5,17). De hecho, la oración constante es una forma maravillosa de que el corazón se transforme bajo el influjo del Espíritu Santo; además de ser un arma potente contra los espíritus del mal.

Los orígenes de la oración del corazón se encuentran en la Sagrada Escritura y está relacionada con lo que conocemos como “jaculatorias”. Los judíos practicantes, por ejemplo, también solían repetir con frecuencia el Shema Israel (Escucha, Israel).

Entre los siglos III y VI, los monjes egipcios sistematizaron esta forma de oración, llegando también a una fórmula clásica, después de muchas formulaciones precedentes.

Esta fórmula clásica es: “Jesús, Hijo de Dios, ten compasión de mí.”

“La oración de Jesús es también una profesión de fe trinitaria. En ella, confesamos a Jesús como Hijo de Dios y verdadero Dios; también confesamos a Dios Padre como Padre de Nuestro Señor Jesucristo; y, aunque sea indirectamente, confesamos también al Espíritu Santo, porque nadie puede decir que Jesús es Dios si no es movido por el Espíritu Santo (cf. 1Cor 12,3). En realidad, es el Espíritu Santo mismo quien ora en nosotros y por nosotros, y lo hace con gemidos inenarrables (cf. Rom 8,26). La oración de Jesús, al igual que cualquier otra oración, es una oración en el Espíritu Santo.”

En la oración del corazón imploramos la compasión de Dios... Su última parte –“ten compasión de mí”– se basa en las palabras que el publicano, agachada la cabeza y dándose golpes de pecho, pronunciaba en la parábola que Jesús nos relata: “¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!” (Lc 18,13).

El auge de la oración del corazón se dio entre los siglos XII y XIV en el Monte Athos. Esta isla, cercana a Grecia, está poblada exclusivamente por monjes, que viven en monasterios o ermitas Y son maestros en el camino espiritual, quienes transmitían a las personas el tesoro de su experiencia con esta oración.

Podría ser providencial el hecho de que ahora esta oración se esté difundiendo también en el Occidente, porque este Occidente, que solía ser católico, parece estarse muriendo de hambre espiritual. No pocas personas buscan, por ello, formas de meditación oriental, queriendo adentrarse en sí mismas y encontrar silencio. Sin embargo, desde nuestra perspectiva cristiana, estas meditaciones orientales tienen su problemática, porque están abiertas al influjo de otras religiones, que, además de tener elementos valiosos, contienen aún muchos errores y pueden, por tanto, llevar a la confusión.

La oración del corazón, en cambio, si se la practica de forma apropiada, es una gran ayuda y puede conducir a la antesala de la contemplación. Por eso, es una práctica muy recomendable, especialmente para aquellos que quisieran intensificar su vida de oración.




(Parte II)


Las disposiciones para la oración de Jesús son, al igual que para cualquier otra oración, las siguientes: Estar en paz con el prójimo, liberarse de excesivas preocupaciones, una cierta disposición del alma, un lugar tranquilo... Nadie puede rezar una oración pura –esto es, una oración que no esté empañada por pensamientos extraños, por impresiones externas de los sentidos y recuerdos– mientras no esté en paz con el prójimo. La falta de perdón y la permanencia en la discordia nos llenan de fuerzas negativas que enturbian el corazón. Lo mismo sucede con el exceso de preocupaciones.

Ciertamente podemos recurrir a la oración también para poder enfrentarnos a fuertes sentimientos negativos, a pensamientos que nos acosan o a ataques concretos del Diablo. Sin embargo, para nuestra oración diaria es importante estar en un estado de paz interior. La oración ha de ser un instrumento que nos ayude a recorrer mejor el camino de la santidad.

Los maestros de la oración del corazón nos enseñan que nuestra mente, tan fácilmente dispersa y entretenida en cosas exteriores, debe adentrarse en el corazón, que es el centro de la persona. La constante repetición del nombre de Jesús y la concentración en el corazón permiten que el Espíritu Santo penetre más profundamente en nosotros


la fórmula clásica –“Jesús, Hijo de Dios, ten compasión de mí”– es una ayuda para adentrarse en la oración del corazón, no se excluyen otras jaculatorias. Algunos sólo pronuncian una y otra vez el Nombre de Jesús; otros repiten una breve palabra de la Sagrada Escritura; otros invocan al Espíritu Santo...

Lo que sí es importante para ejercitarse con regularidad en esta oración es que se conserve la misma jaculatoria por la que se haya optado; o se la cambie sólo en contadas ocasiones. Se trata de que el corazón se acostumbre a la invocación del Nombre de Jesús o de otra de las Personas de la Santísima Trinidad.


Las horas tempranas en la madrugada –después de un sueño tranquilo– son muy apropiadas para la oración. Los monjes de la cristiandad oriental prefieren las horas nocturnas para la oración, por el silencio único que se encuentra en ellas.

Entonces, si estamos en una buena disposición espiritual y tomamos en cuenta también las ayudas externas, deberíamos comenzar con una oración del corazón regular. Para los principiantes, es aconsejable empezar con algunos minutos, especialmente en las mañanas. Algo que es de gran ayuda y que es muy común entre los monjes es la utilización de una cadena de oración, que se denomina “komboskini” o “chotki”. La cadena grande suele tener cien perlas o nudos, de modo que se pueden ir pasando las cuentas mientras se reza una y otra vez en silencio la jaculatoria. También hay cadenas de oración con cincuenta o treinta y tres nudos.

Por supuesto que al inicio también se puede pronunciar la oración en voz baja, para facilitarla y para contrarrestar las dispersiones. Pero conviene que, cuanto antes, nos habituemos a orarla en silencio. Si uno no tiene la cadena de oración específica, se puede usar del mismo modo el rosario.


Podríamos decir que, con la ayuda de la oración del corazón, se va formando en nuestro interior una especie de celda monástica, a la que podemos retirarnos aun en medio de mucho ajetreo. Podemos rezarla mientras manejamos, mientras estamos en una sala de espera y en muchas otras ocasiones. La oración del corazón ha de ayudarnos a adentrar en el silencio interior, pero podemos orarla aun cuando no estemos en un ambiente de silencio exterior.




(Parte III)


Quien se haya adentrado en la oración del corazón por un buen tiempo y la practique con regularidad, podrá experimentar la dicha de que esta oración realmente se hace presente en el corazón. Se nos vuelve fácil retirarnos a esa “celda interior” que se ha formado gracias a la oración, precisamente en aquellos momentos en que el ruido estorba y estamos más expuesto al peligro de la dispersión. Pero aun si nuestro entorno no es tan ruidoso, nos retiraremos gustosamente a esta “celda interior”, para allí estar a solas con el Señor. Con el paso del tiempo, se nos convierte en algo natural. Por supuesto que, para llegar ahí, habrá que seguir los impulsos de la gracia y cultivar la oración interior. Así, llega a ser un buen hábito espiritual el de retirarnos gustosamente a la oración, hallando, a través de ella, nuestro hogar en el Señor.

Al inicio habíamos dicho que la oración del corazón es una especie de “antesala” de la contemplación. De hecho es así, siempre y cuando vaya de la mano con un camino espiritual recorrido con seriedad.


La contemplación es un regalo que Dios concede –según su querer– cuando el alma haya dado los correspondientes pasos hacia la transformación interior. Si bien la contemplación es siempre un don gratuito, sí que podemos prepararle el terreno con nuestra cooperación. En ella, es Dios mismo quien actúa directamente en nuestra alma, atrayéndola a sí mismo y moldeándola, sin que nosotros participemos activamente en ello, como sucede en las otras formas de oración. Pero para invitar a Dios a obrar de esta manera en nosotros a través de la contemplación, generalmente se requiere de un largo camino interior. Al fin y al cabo, será siempre decisión suya cuándo nos concede la oración contemplativa.

La extraordinaria simplicidad de la oración del corazón, que nos ayuda a refrenar y calmar los sentidos externos, permite que el Espíritu Santo penetre en nosotros a tal profundidad que su presencia se nos vuelve perceptible. Los padres de la oración hablan de una especie de calor interior que surge en el corazón al practicar intensa y regularmente la oración del corazón.


Si nos retiramos frecuentemente a nuestra “celda interior”, ya no nos dejaremos absorber tanto por la dinámica del mundo exterior en nuestra vida cotidiana, porque, en medio de nuestras obligaciones, sabremos cultivar la oración interior.


(EXTRAÍDO DE LAS MEDITACIONES DEL HERMANO ELIAS)



LA ORACION

 

“El Santo Rosario”

La oración es en sí misma, algo sencillo, pero no siempre nos resulta fácil orar, y menos orar bien. También esto es un arte, y para aprenderlo conviene estudiar las variadas formas y métodos de oración que existen, y, sobre todo, practicar fervorosamente la oración como tal. 

Una oración bastante difundida y querida en nuestra Iglesia Católica, sobre todo en ciertos círculos, es el Santo Rosario. En muchas de sus apariciones auténticas, la Virgen María nos dice cuán importante es para ella el rezo del Rosario. Por eso vale la pena dedicarle esta meditación a esta valiosa oración. 

A través del Santo Rosario, uno se adentra en un sereno caudal que brota de Dios hacia el hombre, y que, con la respuesta humana de la fe, retorna de vuelta a Dios. 


¿Qué es lo que hace que el Rosario sea tan valioso y recomendable para cultivar y acrecentar la vida de la fe?

Lamentablemente, en ciertos círculos el Rosario se enfrenta a muchos prejuicios. Para algunas personas, no parece ser más que una “repetidera” sin sentido. Para otras, despierta recuerdos desagradables de tiempos pasados, cuando se veían obligados a rezar esta oración en la familia o en la iglesia. Pero estos prejuicios o resistencias pueden superarse si se intenta comprender más a profundidad el sentido del Santo Rosario. 


• El Santo Rosario es una oración meditativa; es una clásica meditación cristiana. 

La repetición de las avemarías forma una cadena que conduce a los misterios de la salvación. Muchos maestros espirituales destacan el beneficio de una oración repetitiva, que es capaz de recoger el corazón del hombre y silenciar su espíritu inquieto. Un espíritu sosegado y recogido puede concentrarse más fácilmente en el contenido y la esencia de la oración. Los misterios del Santo Rosario, que son las estaciones de la vida de Jesús, se van asentando en el corazón a través de la meditación y la repetición, convirtiéndose en una especie de certeza interior. Y esto, a su vez, lleva a un mayor amor y gratitud hacia Jesús. Es fundamental rezar el Rosario con el corazón; es decir, orarlo en nuestro interior. Una y otra vez las frecuentes repeticiones llaman suavemente al espíritu disperso a volver al verdadero centro de la oración.


• El Santo Rosario es una oración bíblica. 

De hecho, la primera parte del avemaría son las palabras del saludo del ángel, junto con el saludo de Isabel cuando reconoce que la Virgen porta en su vientre al Mesías. En la salutación angélica, se le comunica a María el designio de Dios de que su Hijo se haga hombre, y Ella recibe la invitación a unirse a esta Voluntad de Dios con su libre consentimiento. Al repetir en el Rosario esta salutación angélica, uno se adentra en y actualiza este suceso, que, en primera instancia, estaba determinado para la Virgen, pero se extiende a la humanidad entera. El que ora, saluda a María con esta misma salutación, y actualiza así el acontecimiento salvífico, que se va asentando más y más en el corazón. Además, el acontecimiento de la Anunciación se convierte en un cuestionamiento para la persona que ora: ¿Estamos dispuestos a acoger el mensaje del ángel y a hacer la Voluntad de Dios, para así portar a Cristo al mundo? 


• El Santo Rosario es una oración realista.

Desde hace mucho, la Iglesia conoce el amoroso poder que tiene la intercesión de María ante Dios. En la segunda parte del avemaría, se suplica que esta intercesión se extienda a nosotros, particularmente a la hora de la muerte. El poder especial de la intercesión de la Virgen deriva de su cercanía a Dios. Ninguna otra persona fue tan estrecha e íntimamente involucrada en el misterio de la salvación como lo fue María, siendo Madre y discípula de Jesús. El pedir su auxilio para la hora de la muerte procede ciertamente de una experiencia espiritual. Y es que el hombre no puede simplemente desplazar de su vida la realidad de la muerte; sino que debe integrarla. Así, esta súplica no solamente invoca la protección de María y crea una relación de confianza con Ella; sino que implica también una confrontación consciente con la inevitable realidad de la muerte. Gracias a la fe, la muerte puede ser despojada de su amargura y desesperanza. Entonces, hemos de integrar la realidad de la muerte en nuestra vida, y así nuestra vida se hará muy realista. 


Para finalizar, recemos la oración colecta de la Fiesta del Santo Rosario conforme al Misal antiguo: 

“Oh Dios, cuyo Unigénito nos alcanzó, por medio de su vida, de su muerte y de su resurrección, los premios de la salud eterna: haz, te suplicamos, que, al recordar estos Misterios en el sacratísimo Rosario de la Virgen Santa María, imitemos lo que contienen y consigamos lo que prometen. Por el mismo Nuestro Señor Jesucristo.”

Amen.



(EXTRAÍDO DE LAS MEDITACIONES DEL HERMANO ELIAS)

martes, 18 de octubre de 2022

SANACIÓN INTERIOR DESDE EL SANTÍSIMO



SERIE SOBRE LA VIDA ESPIRITUAL   
“La Adoración Eucarística”
(Parte I)

El permanecer en silencio ante el Señor Sacramentado, ya sea el Santísimo expuesto o en el Sagrario, tiene un gran efecto en la profundización de la oración. Por eso, en el marco de estas meditaciones sobre el tema de la oración, conviene que dediquemos dos días específicamente a la Adoración Eucarística. 
 Tal vez no siempre podemos percibir de forma palpable la eficacia de la presencia eucarística del Señor. En efecto, su presencia sacramental en la Eucaristía es una realidad que podemos contemplar únicamente con los ojos de la fe. Creemos que Jesús está ahí porque la Palabra de Dios y la Iglesia nos lo aseguran. Creemos, porque el pan y el vino, transformados en Carne y Sangre de Cristo durante la consagración, despiertan nuestra fe en Él. Con nuestros ojos exteriores no vemos más que una hostia blanca; con los ojos de la fe, en cambio, contemplamos la presencia misma del Señor.

¿Qué es lo que sucede en el interior del alma cuando permanecemos en la presencia del Señor?
Nosotros, los católicos, lo llamamos “comunión espiritual”. En ella, no acogemos físicamente la presencia del Señor en la santa hostia, como ocurre en la comunión sacramental; sino que lo recibimos directamente en nuestro espíritu. De esta manera, Dios se comunica suavemente a nuestra alma. Su presencia en la Santa Eucaristía es como una suave brisa que acaricia nuestra alma o como un agradable calor que va creando una relación cada vez más confiada.

Esta forma delicada cómo el Señor penetra en el alma nos recuerda a una frase de la Secuencia de Pentecostés: “Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.”

Al permanecer frecuentemente en silencio delante del Sagrario, nuestra alma se arraiga en el Señor y encuentra en Él su hogar. El anhelo de su presencia crece cada vez más. Puesto que nuestra vida espiritual es un progresivo “retorno a casa”, al Corazón del Padre, la Adoración Eucarística será un excelente medio espiritual para crecer en el amor, siendo una prolongación de la comunión sacramental.
 
Estando tan directamente en la presencia de Dios, nosotros somos, ante todo, los receptores. Así es en el tiempo y así será en la eternidad. Por eso, cuando permanecemos en silencio ante el Señor en el Sagrario o ante el Santísimo expuesto, encontramos cada vez más la serenidad interior y nuestro refugio. Y esto, en medio del ajetreo del mundo, es de suma importancia para nuestras almas. La oración no se debe convertir en una obligación pesada, a la cual tenemos que someternos a la fuerza; sino que ha de ser un anticipo del cielo. 

El que empiece a frecuentar la Adoración eucarística, se dará cuenta de que se le convierte en una creciente necesidad interior, en el pan espiritual cotidiano, que nos recuerda lo más importante; a saber, permanecer junto al Señor. 

Y para Dios mismo es una maravillosa posibilidad de comunicarse, de poner su morada en nosotros, para colmarnos con su presencia...


“La Adoración Eucarística”
(Parte II)

La adoración eucarística y la sanación interior

Los hombres en general –y también nosotros, los fieles– solemos estar heridos en nuestro interior, porque no hemos recibido el suficiente amor o hemos experimentado un abuso de nuestro amor. En consecuencia, pueden surgir graves deficiencias en el alma, y el ámbito afectivo puede sufrir un trastorno tal, que estas personas muy heridas podrían llegar a cerrarse interiormente.

Si se manifiesta en nosotros este tipo de emociones, podemos abrirlas a la fuerza sanadora del Santísimo Sacramento, entregándoselas al Señor en la oración o invocando el nombre de Jesús en el silencio. De esta manera, podemos abarcar incluso aquellos campos inconscientes de nuestra alma, pidiéndole al Señor que sane las heridas interiores y disuelva las barreras que han resultado en nuestro interior a consecuencia de ellas. Esto implica también aquellas heridas inconscientes, cuyos efectos sentimos, aunque no sabemos cómo se produjeron. 

Allí, en la Eucaristía, resuenan y se actualizan de forma especial estas palabras del Señor: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os proporcionaré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,28-29).

Esta suavidad del yugo de Jesús, que puede experimentarse particularmente en la Adoración silenciosa del Santísimo, es la que permite que las personas heridas se abran con más facilidad. La presencia eucarística es como un sol espiritual, que simplemente está ahí y por el cual podemos dejarnos iluminar y calentar.

La sanación de las heridas interiores no es un asunto insignificante, porque a menudo estas heridas nos bloquean en la relación con Dios, con las personas y con nosotros mismos. Pongamos como ejemplo el caso de alguien que cree que no es amado, y este sentimiento lo domina o, al menos, aparece con frecuencia. Ésta es una de aquellas cargas que podemos llevar ante el Señor, y con el paso del tiempo notaremos que allí, en el Santísimo, nos encontramos con un amor que sencillamente está para nosotros y nos envuelve sin cesar...
Para el desarrollo espiritual, el alma necesita momentos de silencio. Ella sufre bajo el constante bombardeo de estímulos, que la llevan a la dispersión y a la superficialidad. Asimismo, el alma necesita de una sana ascesis, para abrirse a aquellos contenidos que le son provechosos en su camino espiritual y evitar aquellos otros que no lo son. 
Orar en silencio, nos permite ser iluminados por esa luz espiritual, que muchas veces no somos capaces de percibir. Esa no percepción, provoca una sensación de incomodidad, de pensar ...¿que hacemos aquí?, ¿por que no nos vamos?... 
La solución, es poner esos sentimientos a los pies del Señor! 
Porque El sabrá, tocarlos y transformarlos... 

(Extraído de meditaciones del Hermano Elías)