viernes, 13 de mayo de 2016

Una primera presentación internacional de Amoris Laetitia

La mirada de
Su Exc.ª Mons. Vincenzo Paglia
Presidente del Pontificio Consejo para la Familia

Parrafos destacados...

El Papa al mostrar el fruto destaca el método sinodal. Él escribe que las dos asambleas sinodales han contenido "una gran belleza, y han brindado mucha luz".

Por ello consideré adecuado redactar
una Exhortación Apostólica pos-tsinodal que recoja los aportes de los dos recientes Sínodos
sobre la familia, agregando otras consideraciones que puedan orientar la reflexión, el diálogo
o la praxis pastoral y, a la vez, ofrezcan aliento, estímulo y ayuda a las familias en su entrega y
en sus dificultades". Me parece importante hacer hincapié en la novedad del proceso
sinodal que califica tanto el contenido como el método.

"Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de las familias de nuestro tiempo, sobre todo de las familias heridas y de aquellas que sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón"

El Papa afirma claramente que "de ninguna manera la Iglesia debe renunciar a
proponer el ideal pleno del matrimonio, el proyecto de Dios en toda su grandeza" (307). A la
luz de este horizonte, elevado y concreto, abierto por la Exhortación a la "vocación cristiana"
del proyecto familiar.

La Iglesia tiene que hacer suyas las dificultades y esperanzas de sus fieles.
Es una madre. Es por esta razón que no observa a las familias desde el exterior con frialdad notarial dispuesta a enumerar las trasformaciones y a encontrar eventuales culpas y así poder condenarlas.
Pero tampoco es ciega ni se resigna. La Iglesia - como se ve en Amoris Laetitia -, conoce bien las enfermedades que afectan a las familias de hoy. Pero - a diferencia de los profetas de la fatalidad o de los
hijos de la resignación - sabe que "esta enfermedad no es de muerte" (Jn 11,4), como Jesús
dijo al hablar de su amigo Lázaro.
La Iglesia es amiga de la familia, de todas las familias. Y ayuda a todas las familias a caminar hacia la plenitud del encuentro con Jesús.

La historia humana y la familia están estrechamente vinculadas. Familia y sociedad son inseparables. Cuando las cosas no van bien en la familia tampoco van bien en la sociedad.

A partir de este enfoque estratégico, el Papa pide un cambio de ritmo y estilo que incumbe a la forma de la Iglesia. La Iglesia, por lo tanto, no podrá realizar la tarea que le ha sido asignada por Dios para con la familia si no incluye a las familias en esta misma tarea, según el estilo de Dios, y por consiguiente, sin asumir ella misma los rasgos de una comunión familiar.

Comenzando por aquellos que se reconocen prisioneros de su propia culpa y están desesperados por haber
fracasado en sus vidas. Y quiere acompañar a todos hasta la plena integración al Cuerpo de
Cristo que es la Iglesia.
Los fuertes signos de esta orientación de rumbo son al menos dos. Es obvio que el
matrimonio es indisoluble, pero el vínculo de la Iglesia con los hijos y las hijas de Dios lo es
aún más.

El segundo signo es la consiguiente entrega plena al obispo de esta responsabilidad eclesial sabiendo que el principio supremo es la salus animarum (afirmación solemne que concluye el Código de Derecho Canónico, pero que a menudo se olvida). El Obispo es juez en su calidad de pastor. Y el pastor reconoce a sus ovejas incluso cuando han perdido su camino. Su objetivo final es traerlas de nuevo a casa, donde pueda
curarlas y sanarlas, y no podría hacer esto si las dejase donde están, abandonándolas a su
destino porque "ellas se lo han buscado".

Por lo tanto, es evidente que hay que adoptar un nuevo estilo eclesial. Y esto también
requiere un conocimiento de la diversidad de las situaciones. El Papa no propone ni una doctrina nueva ni nuevas reglas jurídicas.

También advierte que "no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales".

La Exhortación Apostólica - después de la introducción - se abre con un tríptico (los
tres primeros capítulos). En el primero se habla de las familias presentes en la Biblia. Y se
subrayan sus historias reales hechas de "amor y de crisis" (n.8). En el segundo se describen
los retos que las familias de hoy en día están llamadas a afrontar: el fenómeno migratorio y la
negación ideológica de la diferencia de sexo ("ideología del gender"); la cultura de lo que es
provisional, la mentalidad antinatalista y el impacto de las biotecnologías en el ámbito de la
procreación; la falta de casa y de trabajo, la pornografía y el abuso de menores; la atención a
las personas con discapacidades, el respeto a los ancianos; la deconstrucción jurídica de la familia, la violencia contra las mujeres. El texto presenta el individualismo exasperado como
un virus que envenena la raíz de los lazos familiares y que conduce a las familias a vivir en
una situación paradójica: por un lado, "se teme la soledad, se desea un espacio de protección
y de fidelidad, pero al mismo tiempo crece el temor a ser atrapado por una relación que
pueda postergar el logro de las aspiraciones personales"(n. 34). Y la paradoja que existe entre
la necesidad radical de la familia que todos experimentan y la creciente fragilidad de los lazos
familiares que se anulan y se despedazan, se recomponen y se multiplican.

En el tercer capítulo el Papa presenta la vocación de la familia: tal como Jesús la ha
definido y la Iglesia la ha recibido. Aquí se examinan los temas de la indisolubilidad, de la
sacramentalidad del matrimonio, de la transmisión de la vida y de la educación de los hijos.
Y manifiesta todas sus dudas en la eficacia de una pastoral que "sólo insiste en cuestiones
doctrinales, bioéticas y morales, sin motivar la apertura a la gracia" (37). Resulta obvio que el
tema central de nuestros días sigue siendo la brecha cada vez más profunda que existe entre
los jóvenes y el matrimonio. Si los jóvenes prefieren vivir juntos, ¿no deberíamos
preguntarnos si el "Evangelio de la familia", tal como lo presentamos es poco atractivo? ¿no
deberíamos replantear el lenguaje y el contenido de este anuncio?

Los capítulos IV y V constituyen la parte central de la Exhortación Apostólica.
El texto habla de una clave del amor que va mucho más allá de lo místico y romántico. El amor, tal como lo describe el Papa Francisco siguiendo, paso a paso, a San Pablo, aparece lleno de concreción y dialéctica, de belleza y de sacrificio, de vulnerabilidad y de tenacidad (el amor soporta todo, el amor nunca
se da por vencido ...). ¡El amor de Dios es así! Estamos lejos de aquel individualismo que
encierra al amor en la obsesión posesiva "de dos", y pone en peligro la "alegría" de los
vínculos conyugales y familiares.

“El matrimonio es en primer lugar una «íntima comunidad de vida y de amor conyugal», que
constituye un bien para los mismos esposos, y la sexualidad «está ordenada al amor conyugal
del hombre y de la mujer»”(n.80). El léxico familiar del amor, como lo presenta el Papa, está
lleno de pasión, es robusto en la generación.
En el quinto capítulo se pone el acento en la otra dimensión del amor conyugal: la
fecundidad y la generatividad. Se habla de manera psicológicamente profunda y de manera
espiritual sobre los temas de acoger una nueva vida, de la espera en el embarazo, del amor de
la madre y del padre, de la presencia de los abuelos. Además se habla de la fecundidad
ampliada, de la adopción, de la acogida y de la contribución de las familias para promover
una "cultura del encuentro", de la vida en la familia en un sentido amplio, con la presencia de
los tíos, primos, parientes de los parientes, amigos. El Papa subraya la inevitable dimensión
social del sacramento del matrimonio (n.186), en la que se declina tanto el papel específico de
 subrayar dos puntos. En primer lugar, el tema de los hijos. El texto
reafirma claramente que el hijo no es un objeto de deseo, sino un proyecto de entrega de vida.
El vínculo entre las generaciones es el patrimonio la relación entre jóvenes y ancianos, como la relación entre hermanos y hermanas, ambas relaciones proporcionan un aprendizaje que hace crecer en las relaciones con los demás.

Me gustaría
que hay que hacer fructificar. Esta es la gran tarea encomendada a la familia: tiene que
cuidar la tradición de la vida sin aprisionarla, proporcionar un valor añadido al futuro sin
mortificarlo. Este dinamismo sería imposible si la familia perdiese su función social de
estabilidad y de propulsión de los afectos.

En resumen, uno no se casa para sí mismo. Si la pareja no se encierra en sí misma el matrimonio posee muchos más bienes: un encerrarse en sí mismos no da alegría, conlleva tristeza. La familia es el motor de la historia, el amor que trabaja por la vida: ciertamente no es el paraíso para aquellos que desean escapar de los desafíos de la vida y de la historia. En este paso y alianza entre las generaciones se construye
toda la riqueza, saber, cultura, tradiciones, dones y reciprocidad de los pueblos. La pasión por
la educación inscrita en las generaciones y la alianza entre una generación y la otra es un
termómetro infalible del progreso social.

El tema de la educación es abordado en el séptimo capítulo.Si un padre está obsesionado por saber dónde está su hijo y por controlar todos sus movimientos, sólo buscará dominar su espacio. De ese modo no lo
educará, no lo fortalecerá, no lo preparará para enfrentar los desafíos. Lo que interesa sobre
todo es generar en el hijo, con mucho amor, procesos de maduración de su libertad, de
capacitación, de crecimiento integral, de cultivo de la auténtica autonomía"(261). Cabe
destacar la atención que el texto dedica a la educación sexual, un tema nuevo en la pastoral de
la Iglesia. La exhortación afirma la necesidad de ella sobre todo hoy en día, en "una época en
que la sexualidad tiende a banalizarse y a empobrecerse. Ésta sólo podría entenderse en el
marco de una educación para el amor, para la donación mutua" (n.280).






jueves, 14 de abril de 2016

AMORIS LAETITIA



EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL AMORIS LÆTITIA DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LOS OBISPOS A LOS PRESBÍTEROS Y DIÁCONOS A LAS PERSONAS CONSAGRADAS A LOS ESPOSOS CRISTIANOS Y A TODOS LOS FIELES LAICOS SOBRE EL AMOR EN LA FAMILIA


ENLACE goo.gl/wpRK0s

LA ARMONÍA DE LAS DIFERENCIAS



El Santo Padre Francisco en la homilía que dirigió a los asistentes del Encuentro de las Familia decía

“la verdadera alegría que se disfruta en familia viene de la armonía profunda entre las personas, que todos experimentan en su corazón y que nos hace sentir la belleza de estar juntos, de sostenerse mutuamente en el camino de la vida.

Sólo Dios sabe crear la armonía de las diferencias. Si falta el amor de Dios, también la familia pierde la armonía, prevalecen los individualismos, y se apaga la alegría”.

Así pues, solo si aceptamos, unimos y combinamos los sonidos diferentes, pero acordes, viviremos en armonía. Una armonía, que como bien dijo Benedicto XVI, se realiza sólo gracias al empeño paciente, fatigoso, que requiere tiempo y sacrificios, con el esfuerzo de escucharse mutuamente, evitando excesivos protagonismos y privilegiando el mejor éxito del conjunto.”


Pues bien, el matrimonio es como la música. Cada sonido diferente se necesita para crear una melodía agradable y extraordinaria, un todo, lleno de ritmo, pausas, equilibrio, tiempos, tensión, reposo,…


CONSEJOS PARA JOVENES PAREJAS


10 consejos para cuidar el matrimonio, según el Papa Francisco, extraído de la Exhortación Apostólica - AMORIS LAETITIA

1. Paciencia.
"Tener paciencia no es dejar que nos maltraten continuamente, o tolerar agresiones físicas, o permitir que nos traten como objetos. El problema es cuando exigimos que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas, o cuando nos colocamos en el centro y esperamos que sólo se cumpla la propia voluntad. Entonces todo nos impacienta, todo nos lleva a reaccionar con agresividad (...) El amor tiene siempre un sentido de profunda compasión que lleva a aceptar al otro como parte de este mundo, también cuando actúa de un modo diferente al que yo desearía".
2. Actitud de servicio.
"La paciencia nombrada en primer lugar no es una postura totalmente pasiva, sino que está acompañada por una actividad, por una reacción dinámica y creativa ante los demás. Indica que el amor beneficia y promueve a los demás. Por eso se traduce como servicial".
3. Sanando la envidia.
"El verdadero amor valora los logros ajenos, no los siente como una amenaza, y se libera del sabor amargo de la envidia. Acepta que cada uno tiene dones diferentes y distintos caminos en la vida".
4. Sin hacer alarde ni agrandarse.
"Quien ama, no sólo evita hablar demasiado de sí mismo, sino que además, porque está centrado en los demás, sabe ubicarse en su lugar sin pretender ser el centro".
5. Desprendimiento.
"Hay que evitar darle prioridad al amor a sí mismo como si fuera más noble que el don de sí a los demás (...) El amor puede ir más allá de la justicia y desbordarse gratis, sin esperar nada a cambio.
6. Sin violencia interior.
Es decir, sin "una reacción interior de indignación provocada por algo externo. Se trata de una violencia interna, de una irritación no manifiesta que nos coloca a la defensiva ante los otros, como si fueran enemigos molestos que hay que evitar. Alimentar esa agresividad íntima no sirve para nada. Solo nos enferma y termina aislándonos. La indignación es sana cuando nos lleva a reaccionar ante una grave injusticia, pero es dañina cuando tiende a impregnar todas nuestras actitudes ante los otros".
7. Perdón.
"Si permitimos que un mal sentimiento penetre en nuestras entrañas, dejamos lugar a ese rencor que se añeja en el corazón (...) La tendencia suele ser la de buscar más y más culpas, la de imaginar más y más maldad, la de suponer todo tipo de malas intenciones, y así el rencor va creciendo y se arraiga. De ese modo, cualquier error o caída del cónyuge puede dañar el vínculo amoroso y la estabilidad familiar. El problema es que a veces se le da a todo la misma gravedad, con el riesgo de volverse crueles ante cualquier error ajeno. La justa reivindicación de los propios derechos se convierte en una persistente y constante sed de venganza más que en una sana defensa de la propia dignidad".
8. Disculpar todo.
"Los esposos que se aman y se pertenecen, hablan bien el uno del otro, intentan mostrar el lado bueno del cónyuge más allá de sus debilidades y errores. En todo caso, guardan silencio para no dañar su imagen (...) No es la ingenuidad de quien pretende no ver las dificultades y los puntos débiles del otro, sino la amplitud de miras de quien coloca esas debilidades y errores en su contexto".
9. Confía.
"La confianza hace posible una relación de libertad. No es necesario controlar al otro, seguir minuciosamente sus pasos, para evitar que escape de nuestros brazos. Esa libertad (...) permite que la relación se enriquezca y no se convierta en un círculo cerrado y sin horizontes. (...) Al mismo tiempo, hace posible la sinceridad y la transparencia, porque cuando uno sabe que los demás confían en él y valoran la bondad básica de su ser, entonces sí se muestra tal cual es, sin ocultamientos".
10. Espera.
"Siempre espera que sea posible una maduración, un sorpresivo brote de belleza, que las potencialidades más ocultas de su ser germinen algún día. No significa que todo vaya a cambiar en esta vida. Implica aceptar que algunas cosas no sucedan como uno desea, sino que quizás Dios escriba derecho con las líneas torcidas de una persona y saque algún bien de los males que ella no logre superar en esta tierra"

viernes, 4 de marzo de 2016

AMAR A LA ESPOSA

CONSEJOS CLAROS, DIRECTOS Y PRÁCTICOS QUE DA LA BIBLIA DE CÓMO AMAR A TU ESPOSA.

Piensa en lo solo que estarías sin ella. Adán estuvo solo y no fue bueno para él, así que Dios le dio una esposa. Tienes una compañera para toda la vida, ¡qué bendición! Agradécele a Dios y reza por ella a diario.
Los esposos tienen la responsabilidad de amar y honrar a sus esposas. ¿Te gustaría ser un esposo que ama a su esposa así como Cristo amó a la Iglesia?, entonces sigue estos consejos:
1. “Ama a tu esposa así como Cristo amó a la Iglesia”. (Efesios 5:25)
El amor de Cristo por la Iglesia es ilimitado, nada lo detiene; Él dio su vida por la Iglesia. Bajo la autoridad de Dios, ama a tu esposa como si le dieras tu vida a Dios.
2. “Ama a tu esposa de la misma forma en que amas tu vida.” (Efesios 5:28-33).
Cuida las necesidades y el bienestar de tu esposa. Siente su dolor y enfermedad, y regocíjate en su salud como si fuera tu propia vida. Sus necesidades espirituales, físicas, emocionales o económicas deben merecer tu esfuerzo absoluto. Sólo de esta manera puedes amarla y proveerla, así como lo haces con tu propia persona.
3. “Sé considerado, comprensivo..." (I Pedro 3:7a)
Para ser considerado, debes renunciar a ti mismo. Cuando ella necesite levantar cosas pesadas, ¡hazlo tú! Si necesita tiempo ¡dáselo! Ayuda a tu esposa con toda tu energía, muéstrale tu amor con toda consideración. Reza y pide a Dios la gracia para ver en qué ocasiones actúas desconsideradamente, y corrige tu comportamiento.
4. “No seas cruel con tu esposa.” (Colosenses 3:19)
Cuando una esposa es sensible, las respuestas crueles, tu enojo, los tonos de voz de irritación e impaciencia la afectarán profundamente. Actúa y dirígete siempre a ella con amabilidad y respeto. Recuerda que tu esposa es un regalo precioso que Dios te ha dado.
5. “Honra tu matrimonio; mantenlo puro siendo honesto en todas las formas.” (Hebreos 13:4)
Jesús dice: “las miradas lujuriosas son adulterio.”(Mateo 5:28). 
Mantén tu matrimonio puro entrenando a tu corazón y ojos para que sean fieles a tu esposa. ¡Tu matrimonio cosechará grandes beneficios si lo haces! Agradécele al Señor la belleza y apréciala, pero mantén tus ojos, alegría, mente y corazón en tu esposa.
6 . “No te dejes seducir por otras mujeres.” (Proverbios 5:20)
Encontrar atractivas a otras mujeres y mirarlas, deteriorará la visión que tienes de tu esposa. Estarás menos satisfecho con ella, y ella se sentirá menos especial para ti. Ningún hombre puede crear el hábito de mirar a otras mujeres sin que su mujer lo note. Cuando le pides a Dios la gracia de mirar atractiva solamente a tu mujer, ella también lo notará y se sentirá como la reina del mundo y tú te enamorarás más de tu mujer.
7. "Llama a tu esposa ‘bendita’ y elógiala." (Proverbios 31:28-29)
Dile que es especial y que es mejor que cualquier otra mujer en la tierra. No menciones sólo su belleza física, sino cuánto la valoras como persona. Mira cómo se goza tu esposa mientras le llenas los oídos de elogios. ¡Ella anhela esas palabras y quiere oírlas de ti!
8. “Sé agradecido por tu esposa y date cuenta del favor que has recibido de Dios.” (Proverbios 18:22)
Piensa en lo solo que estarías sin ella. Adán estuvo solo y no fue bueno para él, así que Dios le dio una esposa. Tienes una compañera para toda la vida, ¡qué bendición! Agradécele a Dios y reza por ella a diario.
9 .“Sé una sola carne con tu esposa en todos los sentidos.” (Mateo 19:5)
Disfruta la vida con ella. Apresúrate para llegar a casa con ella cuando sales del trabajo. Piensa en ella durante el día, llámala a diario. Aprended a llegar a acuerdos como pareja. Invertid tiempo en hablar y compartir los eventos del día. Muestra un interés genuino, escuchando atentamente, prestando una total atención y mirando a los ojos. Sed como si fueseis uno solo.
10. Honra a tu esposa “como coheredera de la gracia... para que sus oraciones no encuentren obstáculo” (1Pe 3, 7b)
En el Sacramento del Matrimonio, tú y tu esposa recibisteis la misma gracia; cultívala: ora con ella, asistid juntos a Misa y a visitar el Santísimo Sacramento, rezad el Rosario; edificad vuestro Matrimonio cimentados en Jesús y de la mano de María.
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=37553

COMO ACERTAR CON LA PAREJA ?

Noviazgo y matrimonio: ¿cómo acertar con la persona?
Por: Juan Ignacio Bañares 

Prepararse a emprender un viaje para toda la vida exige escoger el compañero adecuado. 



Uno de los cometidos más importantes del noviazgo es poder transitar del enamoramiento (la constatación de que alguien origina en uno sentimientos singulares que le inclinan a abrir la intimidad, y que dan a todas las circunstancias y sucesos un color nuevo y distinto: es decir, un fenómeno típicamente afectivo), a un amor más efectivo y libre. Este tránsito se realiza gracias a una profundización en el conocimiento mutuo y a un acto neto de disposición de sí por parte de la propia voluntad.
En esta etapa es importante conocer realmente al otro, y verificar la existencia o inexistencia entre ambos de un entendimiento básico para compartir un proyecto común de vida conyugal y familiar: “que os queráis –aconsejaba san Josemaría-, que os tratéis, que os conozcáis, que os respetéis mutuamente, como si cada uno fuera un tesoro que pertenece al otro"[1].
A la vez, no basta con tratar y conocer más al otro en sí mismo; también hay que detenerse y analizar cómo es la interrelación de los dos. Conviene pensar cómo es y cómo actúa el otro conmigo; cómo soy y cómo actúo yo con él; y cómo es la propia relación en sí.
El noviazgo, una escuela de amor
En efecto, una cosa es cómo es una persona, otra cómo se manifiesta en su trato conmigo (y viceversa), y aún otra distinta cómo es tal relación en sí misma, por ejemplo, si se apoya excesivamente en el sentimiento y en la dependencia afectiva. Como afirma san Josemaría, “el noviazgo debe ser una ocasión de ahondar en el afecto y en el conocimiento mutuo. Es una escuela de amor, inspirada no por el afán de posesión, sino por espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza"[2].


Ahondar en el conocimiento mutuo implica hacerse algunas preguntas: qué papel desempeña –y qué consecuencias conlleva– el atractivo físico, qué dedicación mutua existe (tanto de presencia, como de comunicación a través del mundo de las pantallas: teléfono, SMS, Whatsapp, Skype, Twitter, Instagram, Facebook etc.), con quién y cómo nos relacionamos los dos como pareja, y cómo se lleva cada uno con la familia y amigas o amigos del otro, si existen suficientes ámbitos de independencia en la actuación personal de cada uno –o si, por el contrario, faltan ámbitos de actuación conjunta–, la distribución de tiempo de ocio, los motivos de fondo que nos empujan a seguir adelante con la relación, cómo va evolucionando y qué efectos reales produce en cada uno, qué valor da cada uno a la fe en la relación...
Hay que tener en cuenta que, como afirma san Juan Pablo II, “muchos fenómenos negativos que se lamentan hoy en la vida familiar derivan del hecho de que, los jóvenes no sólo pierden de vista la justa jerarquía de valores, sino que, al no poseer ya criterios seguros de comportamiento, no saben cómo afrontar y resolver las nuevas dificultades. La experiencia enseña en cambio que los jóvenes bien preparados para la vida familiar, en general van mejor que los demás"[3].
Lógicamente, importa también conocer la situación real del otro en algunos aspectos que pueden no formar parte directamente de la relación de noviazgo: comportamiento familiar, profesional y social; salud y enfermedades relevantes; equilibrio psíquico; disposición y uso de recursos económicos y proyección de futuro; capacidad de compromiso y honestidad con las obligaciones asumidas; serenidad y ecuanimidad en el planteamiento de las cuestiones o de situaciones difíciles, etc.
Compañeros de viaje
Es oportuno conocer qué tipo de camino deseo recorrer con mi compañero de viaje, en su fase inicial; el noviazgo. Comprobar que vamos alcanzando las marcas adecuadas del sendero, sabiendo que será mi acompañante para la peregrinación de la vida. Los meeting points se han de ir cumpliendo. Para eso podemos plantear ahora algunas preguntas concretas y prácticas que se refieren no tanto al conocimiento del otro como persona, sino a examinar el estado de la relación de noviazgo en sí misma.
¿Cuánto hemos crecido desde que iniciamos la relación de noviazgo? ¿Cómo nos hemos enriquecido –o empobrecido– en nuestra madurez personal humana y cristiana? ¿Hay equilibrio y proporción en lo que ocupa de cabeza, de tiempo, de corazón? ¿Existe un conocimiento cada vez más profundo y una confianza cada vez mayor? ¿Sabemos bien cuáles son los puntos fuertes y los puntos débiles propios y del otro, y procuramos ayudarnos a sacar lo mejor de cada uno? ¿Sabemos ser a la vez comprensivos –para respetar el modo de ser de cada uno y su particular velocidad de avance en sus esfuerzos y luchas– y exigentes: para no dejarnos acomodar pactando con los defectos de uno y otro? ¿Valoro en más lo positivo en la relación? A este respecto, dice el Papa Francisco: “convertir en algo normal el amor y no el odio, convertir en algo común la ayuda mutua, no la indiferencia o la enemistad"[4].
A la hora de querer y expresar el cariño, ¿tenemos como primer criterio no tanto las manifestaciones sensibles, sino la búsqueda del bien del otro por delante del propio? ¿Existe una cierta madurez afectiva, al menos incoada? ¿Compartimos realmente unos valores fundamentales y existe entendimiento mutuo respecto al plan futuro de matrimonio y familia? ¿Sabemos dialogar sin acalorarnos cuando las opiniones son diversas o aparecen desacuerdos? ¿Somos capaces de distinguir lo importante de lo intrascendente y, en consecuencia, cedemos cuando se trata de detalles sin importancia? ¿Reconocemos los propios errores cuando el otro nos los advierte? ¿Nos damos cuenta de cuándo, en qué y cómo se mete por medio el amor propio o la susceptibilidad? ¿Aprendemos a llevar bien los defectos del otro y a la vez a ayudarle en su lucha? ¿Cuidamos la exclusividad de la relación y evitamos interferencias afectivas difícilmente compatibles con ella? ¿Nos planteamos con frecuencia cómo mejorar nuestro trato y cómo mejorar la relación misma?

El modo de vivir nuestra relación, ¿está íntimamente relacionado con nuestra fe y nuestras virtudes cristianas en todos sus aspectos? ¿Valoramos el hecho de que el matrimonio es un sacramento, y compartimos su alcance para nuestra vocación cristiana?
Proyecto de vida futura
Los aspectos tratados, es decir, el conocimiento del matrimonio –de lo que significa casarse, y de lo que implica la vida conyugal y familiar derivada de la boda–, el conocimiento del otro en sí y respecto a uno mismo, y el conocimiento de uno mismo y del otro en la relación de noviazgo, pueden ayudar a cada uno a discernir sobre la elección de la persona idónea para la futura unión matrimonial. Obviamente, cada uno dará mayor o menor relevancia a uno u otro aspecto pero, en todo caso, tendrá como base algunos datos objetivos de los que partir en su juicio: recordemos que no se trata de pensar “cuánto le quiero" o “qué bien estamos", sino de decidir acerca de un proyecto común y muy íntimo de la vida futura. El Papa Francisco, al hablar de la familia de Nazaret da una perspectiva nueva que sirve de ejemplo para la familia, y que ayuda al plantearse el compromiso matrimonial: “los caminos de Dios son misteriosos. Lo que allí era importante era la familia. Y eso no era un desperdicio"[5]. No podemos cerrar un contrato con cláusula de éxito con el matrimonio, pero podemos adentrarnos en el misterio, como el de Nazaret, donde construir una comunidad de amor.
Así se pueden detectar a tiempo carencias o posibles dificultades, y se puede poner los medios –sobre todo si parecen importantes– para tratar de resolverlas antes del matrimonio: nunca se debe pensar que el matrimonio es una “barita mágica" que hará desaparecer los problemas. Por eso la sinceridad, la confianza y la comunicación en el noviazgo puede ayudar mucho a decidir de manera adecuada si conviene o no proseguir esa relación concreta con vistas al matrimonio.
Casarse significa querer ser esposos, es decir, querer instaurar la comunidad conyugal con su naturaleza, propiedades y fines: “esta íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen plena fidelidad conyugal y urgen su indisoluble unidad"[6].
Este acto de voluntad implica a su vez dos decisiones: querer esa unión–la matrimonial–, que procede naturalmente del amor esponsal propio de la persona en cuanto femenina y masculina, y desear establecerla con la persona concreta del otro contrayente. El proceso de elección da lugar a diversas etapas: el encuentro, el enamoramiento, el noviazgo y la decisión de contraer matrimonio. “En nuestros días es más necesaria que nunca la preparación de los jóvenes al matrimonio y a la vida familiar (…). La preparación al matrimonio ha de ser vista y actuada como un proceso gradual y continuo"[7].
Notas

[1] San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar, 11-2-1975.
[2] San Josemaría, Conversaciones, n. 105.
[3] San Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n. 66.
[4] Cfr. Papa Francisco, Audiencia, Nazaret, 17-12-2014
[5]Cfr. Papa Francisco, Audiencia, Nazaret, 17-12-2014
[6] Gaudium et Spes, n. 48
[7] San Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n. 66.