miércoles, 28 de septiembre de 2022

EL SUFRIMIENTO - Jb 9

 

Tierra Santa- Getsemani
 Sobre esta roca, Jesús lloro y sudo sangre

 ¿Cómo podemos entonces lidiar con los duros golpes de la vida, que nos amenazan existencialmente a nivel material o espiritual, y cuyo sentido no podemos comprender?

En medio del sufrimiento, no podemos caer en la infructuosa actitud de encerrarnos en nosotros mismos. Antes bien, hemos de elevar los ojos a Dios y entrar en diálogo con Él sobre el sufrimiento que nos ha golpeado. 
Este diálogo nos permitirá hablar francamente con el Señor, exponiéndole nuestras quejas por nuestro dolor y quizá también, pronunciando la incomprensión de por qué nos sobrevino tal sufrimiento… 
El diálogo con Dios abrirá nuestra alma frente a Él, y Él podrá respondernos a su manera. Además, evitaremos así que la situación se ponga aún más pesada, pues impediremos que sigan ganando terreno los sentimientos deprimentes que oscurecen nuestra alma. Sin embargo, al igual que Nuestro Señor en Getsemaní, podemos siempre pedir que la cruz nos sea quitada.



 Un siguiente paso sería activar y fortalecer la confianza en Dios. Precisamente las situaciones difíciles son las que nos invitan a confiar por encima de los sentimientos, pues exigen un acto de nuestro espíritu: “¡Queremos confiar! ¡Confiamos conforme a la certeza de nuestra fe! ¡Confiamos porque Dios nos ama!” ...
Con tales actos de confianza, nos aseguramos de que Dios tiene todo en sus manos, que Él conoce nuestra situación personal y familiar, que Él sabrá revertirlo todo en bien… 
Esto hemos de aplicarlo también cuando nos enfrentamos a situaciones difíciles en el mundo y en la Iglesia, que podrían llevarnos a la desesperanza.

Esta confianza se cimienta en el poder de su amor. Aun las situaciones más difíciles que tengamos que padecer, aunque todavía no entendamos su sentido, Dios, en su amor, las permitió. Este es un gran acto de confianza, que no pocas veces se adquiere sólo después de una intensa lucha.

Si, gracias al diálogo con Dios en la oración, hemos logrado salir del encierro en nosotros mismos y hemos hecho actos de confianza, se nos hará más fácil aceptar la cruz que ha entrado en nuestra vida. Ciertamente esta aceptación puede suceder también “a oscuras”; es decir, sin comprender aún por qué Dios lo permitió...
Pero, frente a cualquier tribulación que nos sobrevenga, nuestro corazón se aferrará a Dios, sabiendo en lo más profundo que Él, en su Sabiduría, sabrá valerse incluso de este sufrimiento. Así, paso a paso aprenderemos a aceptarlo, a vivir con él y a crecer a través de él.

(Extraído de las reflexiones del Hno Elias)


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