El arte religioso y las imágenes sagradas son como señales que salen a nuestro paso para marcarnos el camino. “Los seres humanos nos distraemos fácilmente con las preocupaciones cotidianas –comenta Belinda–. Por eso, crear una cultura visual católica en casa nos ayuda a centrarnos en nuestro objetivo final: la comunión con Dios en el Cielo”.
Kate Rossing, decoradora y diseñadora de interiores y autora en The Daily Collection en la web Theology of Home (theologyofhome.com) explica a Misión que las imágenes sagradas son una herramienta que el Señor utiliza para despertar nuestras mentes y, de paso, recuperar nuestros corazones para Él: “Tengo una María de la Cocina (una Virgen barriendo) al lado del fregadero. Ella me recuerda que la santidad se puede lograr a través de las tareas más cotidianas, si ofrecemos estos actos de servicio a Dios”. Y añade: “Estas imágenes nos ayudan a mi esposo y a mí a tener presente que no solo se nos ha confiado mantener a nuestros hijos seguros y saludables en este mundo, sino que tenemos el encargo de criarlos para que sean santos”.
“El crucifijo colgado sobre el marco de la puerta bendice a todos los que entran en esa casa”
Las que no pueden faltar
La imagen por excelencia, la que que no puede faltar en toda casa, es el crucifijo. “Aprendí en un estudio bíblico que colgar el crucifijo sobre el marco de la puerta bendice a quienes entran a nuestro hogar. Los antiguos israelitas colocaron la sangre del cordero en los postes de sus puertas y fueron salvados de la muerte; nosotros somos salvados de la muerte eterna por la sangre de Jesús”, anota Belinda. Además, tanto Belinda como Kate recomiendan tener una talla de la Virgen María en un lugar céntrico, y una imagen del santo patrón de cada miembro de la familia. “María, porque es el arca de la Nueva Alianza y el prototipo de toda la humanidad, como la primera y más fiel cristiana. Y cada uno de mis hijos tiene una imagen de su santo patrón en su dormitorio”, expone Belinda, quien tiene expuestas en casa, además, imágenes de san José, santa Ana, san Francisco de Asís y san Juan Pablo ii, a quien ella atribuye su regreso a la Iglesia.
A veces, al sentido trascendente de cada imagen se suma el vínculo que une a la familia en el Cuerpo Místico de Cristo. “Cuando mis familiares me regalan una obra de arte sacro, le doy un significado especial. A mis padres les encanta el arte religioso y nos han obsequiado con imágenes bellísimas. Una de mis favoritas es un Niño Jesús en el pesebre”, apunta Belinda.
Pero las imágenes sagradas no son solo para quienes habitan en ese hogar. Belinda ha comprobado, una y otra vez, que también guardan un mensaje para aquellos que le visitan. “Algunos de mis hermanos hoy no practican. A menudo se ríen de mí y me dicen que tengo más objetos religiosos que la mayoría de las iglesias, pero lo cierto es que, cuando están preocupados por su alma, me llaman para hacerme preguntas sobre mi fe”.
De esta manera, se nota cómo las imágenes sacras, previamente bendecidas, son sacramentales que hacen que la gracia llegue incluso a aquellos que las observan. Así lo ha verificado también Kate, quien asegura que cuando ve un rosario colgado en un espejo retrovisor o una talla de Nuestra Señora en el jardín de un porche, siente un nexo con las personas que han colocado estos objetos. “Incluso si no les conozco y sé que nunca voy a llegar a conocerles. Y, para el resto del mundo, estos objetos son testimonios silenciosos de nuestra preciosa fe”, concluye Kate.
(Extraído de la "revista Misión", art. de Isabel Molina Estrada)


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