22 de julio 2022 - Santa María Magdalena
La posibilidad de ser una “nueva criatura”, es el gran don que nos concede a los cristianos, el Espíritu Santo. Es dejar atrás lo viejo y dedicarse completamente a lo nuevo que Dios nos encomienda. Es entender las cosas a la luz de Dios y no –como el “hombre viejo”– conforme a criterios meramente humanos y, por tanto, imperfectos.
Insertados en Cristo y permaneciendo en Él, los cristianos somos “nuevas criaturas”, que “no hemos nacido de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre” (Jn 1,13), sino del Espíritu (cf. Jn 3,8).
Y es Espíritu Santo el que ahora impulsa y marca el camino a la nueva criatura.Es ese mismo Espíritu que debe movernos una santa inquietud, impregnada de piedad.
Una santa inquietud puede surgir del dolor al ver a tantas personas que aún no conocen ni siguen al Redentor del mundo.
Puede aumentar al recordar cómo el Señor preguntó: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lc 18,8). Esta inquietud arde en nosotros cuando llegamos a conocer su anhelo de que todos los hombres acojan las gracias que Él les alcanzó con su Pasión y Muerte.
La alimentamos al sumergirnos en el amor de nuestro Padre Celestial, que, en su propio Hijo, nos regaló lo que más ama.
La santa inquietud crece cuando conocemos más a profundidad el amor de la Virgen por Dios y por nosotros, y al comprender su gran dolor cuando los hombres no escuchan a su Hijo.
Puede volverse aún más apremiante al entender la situación apocalíptica que actualmente vivimos, y al percibir la destructora influencia del espíritu anticristiano en el mundo y en la Iglesia.
Así, el Espíritu del Señor puede despertarnos y el amor de Cristo apremiarnos hasta quedar totalmente llenos de esta santa inquietud.
Esto sucederá aún más si avanzamos en el camino de la santidad y le permitimos al Espíritu Santo hacer a un lado los obstáculos que aún se interponen en su obra. Especialmente en aquellos que han puesto toda su vida al servicio de Dios y viven una vocación de entrega total a Él, este fuego puede arder hasta el punto de convertirse en una llama radiante que quiere iluminarlo todo y a la cual nada ni nadie puede extinguir. Así sucedió con el Apóstol de los Gentiles y, por supuesto, con María Magdalena, la “apóstol de los apóstoles” a quien hoy celebramos.
(Extraído del Hermano Elias)
No hay comentarios:
Publicar un comentario