sábado, 10 de octubre de 2020

Domingo XXVIII del tiempo Liturgico Mt 22, 1-14

Domingo 11 de octubre
¿Que me dicen las escrituras del Domingo?

Isaias anuncia al pueblo, que el banquete celestial, preparado y anunciado desde Sion, será ofrecido a todas las naciones. El Señor destruirá a la muerte para siempre y se dirá, alegrémonos y regocijémonos, por que nuestro Dios, el que esperábamos, nos trajo la salvación.

San Pablo en su carta a los Filipenses, les dice que si tenemos que pasar privaciones o si nos toca vivir en la abundancia, debemos saber vivirlas con total normalidad. Por que solo es el Señor el que llena nuestras vidas. Y si depositamos nuestra confianza en Él, nada nos hará faltar...

En el evangelio de Mateo, Jesús nos vuelve hablar por medio de parábolas, como les habla a los ancianos y doctores de la ley, insistiendo sobre el llamado de Dios, dirigido especialmente, al pueblo de Israel. Pero ese pueblo, que Dios ha elegido a través de Abraham, que lo sacó de la esclavitud de Egipto, dirigidos por Moisés lo condujo a través del desierto, hasta llegar a la tierra prometida y por los profetas lo fué preparando para la llegada del Mesías.
 Pero sin embargo, jesús lo describe en esta parábola cuando nos dice que:  Primero ignoran la invitación y ante la insistencia Divina, maltratan y matan a los enviados del Señor...
Es así que los servidores del Señor, salen a anunciar la fiesta, a todos los pueblos. Participan a todas las naciones, sin ningún tipo de distinción, nos llama a todos... Como cuenta Isaías en la primer lectura.
Ahora somos nosotros los que debemos recibir la invitación a una vida de amor, para abrazar el mensaje, preparándonos para la fiesta de la vida eterna, con nuestras mejores galas, que es estar revestidos por Cristo, en Fe, esperanza y caridad.
¿Y cual debe ser nuestro regalo? Con humildad, amar a Dios y servir al hermano... Nuestra salvacion dependerá de la Misericordia de Dios...
Por que "Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos"

Para finalizar, pidámosle a nuestra Madre con humildad, la constancia de seguir fielmente los mandamientos del amor y así poder alcanzar la Divina Misericordia. Amen.


 

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