Este tipo de personas es el que me gusta. No se llenan de orgullo ante el trabajo bien hecho. Hablan siempre con humildad y mansedumbre. No se irritan, no se crispan, no se llenan de ira. En los momentos decisivos eligen siempre lo más adecuado.
¿Cómo lo consiguen? Miran en el fondo de su alma y sacan el agua más pura.
Me parece increíble. En momentos de máxima tensión optan por el bien. No se dejan llevar por la tentación de tener más, de ser más.
No mienten, no se corrompen, no tienen nada que ocultar.
El pecado que hoy más escandaliza es la corrupción. La de aquel que se queda con lo que no le pertenece. La del que miente por sistema. La del que lleva una vida engañosa buscando beneficio. El hombre corrupto que ante una propuesta poco limpia elige el lado oscuro.
Le tientan y miente.
Optar por lo bueno, por lo noble, por lo verdadero, me definirá como persona.
Perderé algo de prestigio, de fama, de nombre.
Perderé algo de mi vida, de mi poder, de mis riquezas. No importa.
Me tomo en serio mi vida. Me preparo para ese momento en el que tenga que decidir lo correcto. A lo mejor es una decisión pequeña la que me define como persona.
A lo mejor son mis formas, mis palabras, las que hablan de cómo soy. ¿Quién soy yo en realidad?
Quiero aprender a ser verdadero. Fiel a mí mismo, a mi verdad. Dios me ha dado tanto. Y yo me vuelvo egoísta. Retengo, juzgo intenciones, quiero ver la verdad oculta tras la mentira.
¿Qué tipo de persona soy? Quiero ser honesto, verdadero, noble, puro, generoso, sencillo, humilde. Apasionado por la vida. Entregado sin fisuras.
La verdad de mi vida se ve en esas decisiones que me marcan para siempre. Confío y espero que Dios prepare mi alma para la entrega desde lo más auténtico que hay en mí.
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