(extraido de MDC)
El tema de la primera
catequesis es “Las Familias de hoy”. “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu
padre y yo te hemos andado buscando llenos de angustia” (LC 2,48).
Notamos a lo largo de las paginas de la Biblia que:
La Palabra de Dios, no nos presenta en absoluto una imagen idealista y abstracta de la familia, como hubiéramos esperado, sino que ofrece a nuestra mirada, diferentes historias de familias concretas, con la singularidad y particularidad de sus problemas, dificultades y desafíos.
La Palabra nos remite directamente a la realidad con «la presencia del dolor, del mal, de la violencia que rompen la vida de la familia y su íntima comunión de vida y de amor» (Al 19). Del mismo modo «se presenta el icono de la familia de Nazaret, con su cotidianeidad hecha de cansancios y hasta de pesadillas, como cuando tuvo que sufrir la incomprensible violencia de Herodes, experiencia que se repite trágicamente todavía hoy en tantas familias de prófugos desechados e inermes» (Al 30).
El punto fundamental, por lo tanto, no es la ausencia de crisis en las familias (no hay una sola familia, ni siquiera la Sagrada Familia, que esté exenta), sino cómo reaccionar ante cualquier crisis.
La crisis fundamental que las familias de hoy en día atraviesan se refiere al analfabetismo afectivo, que comienza en la relación fundamental entre los dos cónyuges y se extiende a todas las demás esferas, generando la «“cultura de lo provisorio”.
Me refiero, por ejemplo, a la velocidad con la que las personas pasan de una relación afectiva a otra. Creen que el amor, como en las redes sociales, se puede conectar o desconectar a gusto del consumidor e incluso bloquear rápidamente.
Pienso también en el temor que despierta la perspectiva de un compromiso permanente, en la obsesión por el tiempo libre, en las relaciones que miden costos y beneficios y se mantienen únicamente si son un medio para remediar la soledad, para tener protección o para recibir algún servicio.
Esta imagen se traslada a las relaciones afectivas, lo que sucede con los objetos y el medio ambiente: todo es descartable. Cada uno usa y tira, gasta y rompe, aprovecha y estruja mientras sirva.Después, ¡adiós! » (Al 39).
Evidentemente todo esto desanima a las generaciones más jóvenes a formar una familia, asustadas por el fracaso de quienes hicieron esta elección antes que ellos. En este sentido, la Familia de Nazaret se convierte en un faro que no es ideal, sino real, porque también ella, en las contradicciones y absurdos de sus acontecimientos vitales, muestra a todas las generaciones «la alegría del amor» (Al 1) que se vive dentro del hogar.
Por este motivo, el Santo Padre afirma rotundamente que: «La alianza de amor y fidelidad, de la cual vive la Sagrada Familia de Nazaret, ilumina el principio que da forma a cada familia, y la hace capaz de afrontar mejor las vicisitudes de la vida y de la historia. Sobre esta base, cada familia, a pesar de su debilidad, puede llegar a ser una luz en la oscuridad del mundo. “Lección de vida doméstica. Enseñe Nazaret lo que es la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable; enseñe lo dulce e insustituible que es su pedagogía; enseñe lo fundamental e insuperable de su sociología”» (Al 66).
¿Queremos aprender a ser una familia? Tiremos por la borda el modelo idealizado que tenemos en nuestras cabezas, y miremos a la Sagrada Familia, que muestra a todos cómo los acontecimientos críticos de la vida son una fuente inagotable de gracia y santificación para el mundo entero.
Reflexionemos
- ¿Qué significa que una crisis familiar puede convertirse en una fuente inagotable de gracia?
- En vuestra opinión, ¿cuál es la singularidad propia de la maternidad o de la paternidad?
- Seguramente en vuestra vida familiar y conyugal no han faltado las dificultades, los problemas y las llamadas “crisis”. ¿Cómo las habéis afrontado?
- ¿Cómo vives el ser padre o ser madre en relación con el cónyuge que Dios ha puesto a tu lado? ¿Cómo puedes hacer experimentar a tu hijo o a tus hijos la interrelación entre la paternidad y la maternidad?
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