En Isaías 40, leemos: “¡Consuelen a mi pueblo, dice su Dios!
Hablen al corazón de Jerusalén…
A partir de este capítulo, apreciamos un segundo Isaías, que
le habla al pueblo desterrado en Babilonia, dándole esperanza porque ya pagaron sus culpas. Les dice que preparen sus
corazones para recibir a Dios. Ya que
desde Judá, Jerusalén y Sion, se anunciará sin temor:” ¡Aquí está tu
Dios!”
San Pedro en su segunda carta nos advierte, que el Señor
llegara como un ladrón, en forma inesperada y la tierra y todo lo que se
encuentra en ella, será consumida por el fuego.
Pero además nos dice,
que el Señor es paciente y espera que todos nos podamos convertir. Y así
esperar su venida, con una conducta santa y piadosa. Viviendo de tal manera,
que Él nos encuentre en Paz, sin mancha y sin ningún reproche, para poder
recibir la promesa de una tierra nueva, y un cielo nuevo, donde habitara la
justicia.
Marcos nos habla en este el evangelio, de Juan Bautista. Él
es quien allanará los caminos para la venida del Mesías y preparara los
corazones de los habitantes de toda Judea y de Jerusalén, con el bautismo en el
rio Jordán, para el perdón de los pecados. Pero nos dice también, por boca del
Bautista, que él no se merece desatar la correa de sus sandalias y que será el Mesías,
quien bautizará en el Espíritu Santo.
El hilo conductor de estas lecturas, es la preparación de
nuestros corazones a recibir al Señor en esta Navidad. Sacar de nuestro
interior esas cargas pesadas que no nos
permite, acunar al niño Dios.
Esa preparación nos ayuda a predisponernos a vivir este
tiempo, con profunda contemplación y caridad. Ya que no podemos dejar de
destacar, que cerramos este 2020 tan especialmente distinto a los demás. Que
nos ha mostrado, tanto las miserias, como el compromiso de muchos, a compartir
y a pensar en los que la están pasando mal, los más vulnerables.
Pidamos a nuestra Madre que nos guie de cerca, para que no
perdamos de vista ese camino de preparación para la llegada del Señor y que ese
camino se encuentre, empedrado de buenas obras llenas de amor fraterno hacia
los demás.
Amen.

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