Domingo 8 de noviembre, ¿Que me dicen las escrituras?
En la primera de las escrituras, sacada del libro de la Sabiduría, nos dice que la Sabiduría ilumina e ilumina con gran brillo, por que la Sabiduría es Dios. Y si lo buscamos, se deja encontrar fácilmente y es mas, siempre se anticipa a nuestros deseos de encuentro. El espera en la puerta, por que busca a los dignos de recibirlo, o sale al encuentro en todos los pensamientos. Meditar en el Señor, es la perfección de la prudencia, nos permite discernir entre lo bueno y lo malo, actuando en consecuencia.
En la carta de Pablo a los tesalonicenses, tiene que aclarar ciertas dudas que se plantean, como la resurrección de los muertos y la segunda venida del Señor.
En respuesta a las dudas le dice, que no tienen que estar tristes por los que ya partieron de este mundo. Por que ellos, así como murieron en Cristo, Dios los llevará junto a Él. Esa es nuestra esperanza.
Y en el fin de los tiempos, el Señor descenderá de los cielos al toque de la trompeta del Arcángel, y resucitaran los que murieron en Cristo. Los que aun vivan, serán llevados al cielo, sobre las nubes, al encuentro con Jesús.
El evangelio de este domingo, escrito por Mateo, nos relata la parábola de las jóvenes que fueron al encuentro del esposo con las lamparas encendidas. Pero había cinco de ellas que con prudencia llevaron mas aceite por si les faltaba y otras cinco que no fueron precavidas y se les agotó el combustible antes de la llegada tan esperada...
Jesús con esta parábola nos grafica la importancia de no solo estar preparados para el encuentro del Señor, sino de ser prudentes, para actuar en consecuencia. Como lo vemos en la primera lectura del libro de la sabiduría.: Meditar en el Señor, en su sabiduría, es la perfección de la prudencia, que nos hace actuar en consecuencia. En este caso, es ser previsores y no estar distraídos, por que el Señor nos pedirá cuenta de nuestros actos, en el momento menos pensado.
Ya lo anuncia San Pablo en su carta a los cristianos de Tesalónica : "Los que murieron en Cristo, Dios los llevara junto a Él".Pero tengamos en claro, que para morir en Cristo, debemos vivir como Él vivió, pasando por la cruz, es decir viviendo una vida de entrega desinteresada hacia los demás. Teniendo siempre presente una vida acorde con las bienaventuranzas, como vimos la semana pasada, y así tener siempre la lampara encendida, esperando el encuentro con el Señor.
Pidamos a Maria, siempre estar atentos al servicio, estar en oracion y comunion con nuestros hermanos. Para ser instrumentos del amor de Dios. Y así, tener siempre encendidos nuestros corazones, para convertirnos en reflejo de la luz del Señor.
Amen.

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