No nos dejemos arrastrar por malas actitudes, rencores, envidia,
comodidad, egoísmo. Porque ese es el
camino ancho que nos lleva a la perdición.
Tratemos a los demás,
como nos gustaría que nos traten a nosotros, y así seguiremos el mandato del
evangelio. Y aunque algunas veces, nos parezca en vano, es lo que nos permitirá entrar por la puerta estrecha.

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